El girasol es víctima del calor
Los especialistas señalan que las variedades que más vuelcan el capítulo resisten mejor a los golpes de calor. Por otra parte, los girasoles alto oleico resguardan mejor la calidad del aceite frente a los eventos fríos.
Los efectos producidos por el cambio climático en la producción agropecuaria cuentan entre sus víctimas al cultivo de girasol. Deborah Rondanini, especialista de la FAUBA-Conicet, sostiene que entre las anomalías que se observan en los últimos años “lo más temible no es el aumento sostenido de las temperaturas medias, sino la presencia de eventos extremos, como aquellos que comúnmente se denominan 'golpes de calor', que han aumentado su frecuencia en la última década”.
Estos fenómenos meteorológicos, según un trabajo llevado a cabo por Rondanini y Natalia Izquierdo, de UI Balcarce-Conicet, inciden negativamente tanto en los rendimientos de la oleaginosa como en la cantidad y calidad del aceite.
Cuando un cultivo es expuesto a temperaturas extremas, “tanto su crecimiento como su desarrollo se ven afectados, y ese estrés, según sus características (severidad, días consecutivos, número de exposiciones, combinación con otros tipos de estrés, etcétera) y las características del cultivo, provocará resistencia o susceptibilidad en la planta, pudiendo llegar a matarla”, indica Rondanini.
La selección de variedades que vuelcan mejor el capítulo, según la investigadora, puede ayudar a mitigar los efectos de los golpes de calor sobre los rendimientos, mientras que la calidad del aceite queda a mejor resguardo en los híbridos alto oleico.
Si los golpes de calor ocurren durante los períodos críticos del cultivo, las consecuencias para los rendimientos finales pueden ser graves. Rondanini sostiene que, según diversos trabajos realizados sobre el tema, las temperaturas que permiten lograr un 100% de germinación van desde los 10 a 25 grados. Con temperaturas superiores a 30 grados el porcentaje máximo de germinación disminuye, llegando al 75%. Mientras que con 40 grados, ese valor desciende al 50%.
El período crítico de definición del rendimiento incluye procesos muy sensibles a la temperatura: la formación de las gametas, el polen, los óvulos, la fertilización y el cuaje afectan el número final de los granos. En tanto, el tamaño del ovario y el número de células de los cotiledones condicionan el peso final de los mismos.
¿Qué ocurre a campo? “Hay que enfrentarse a las complejas interacciones genotipo-ambiente –indica Rondanini–. Ensayos realizados en el sur de España mostraron una fuerte caída del rendimiento a medida que aumentaba la temperatura (32 a 35 grados) en el período de 30 días centrados en floración”.
En Argentina, según la investigadora, se experimentaron eventos extremos de alta temperatura en 2009/10 en la localidad de Anguil. Antes de floración se alcanzaron picos máximos de 42 a 44 grados durante varios días consecutivos. “Este evento fue muy probablemente responsable de una caída de rendimientos desde los 2500 a los 1150 kilos por hectárea que se observó ese año”, advierte Rondanini.
En Manfredi, otra localidad de la red de ensayos territoriales de ASAGIR, en el mismo año, las altas temperaturas alcanzaron al cultivo de girasol en el período de post floración (donde entra parte del período crítico, el momento de cuaje). Temperaturas superiores a los 35 grados, con picos de 37, durante varios días consecutivos fueron, según Rondanini, muy probablemente responsables por la reducción de los rendimientos de 2743 a 1928 kilos por hectárea en la localidad. “No son picos aislados los que deben preocuparnos, sino varios días consecutivos de altas temperaturas. Con máximas superiores a 30 grados por varios días consecutivos, se observan caídas abruptas de los rendimientos”, apunta.
“En el período de llenado de granos, se ha observado que las temperaturas elevadas sostenidas (es decir, los años cálidos), reducen el peso de los granos, porque afectan tanto al peso de la cáscara como al de la pepita. Temperaturas de entre 15 y 25 grados maximizan el peso de grano, mientras que por encima de los 25 grados, dicho valor cae 2% por cada grado adicional”, observa.
Por otra parte, los golpes de calor con temperaturas máximas de 30 a 34 grados por períodos de al menos 4 días consecutivos reducen el peso del grano, con caídas más abruptas cuanto más temprano ocurre el evento en el llenado, es decir, granos jóvenes, en estado de desarrollo prematuro.
En este marco, Rondanini afirma que para mitigar los efectos de los golpes de calor, “convienen los capítulos volcados, ya que la posición horizontal de los granos es mejor que la vertical. Durante estos fenómenos extremos, en los capítulos verticales se produce un quemado en la zona superior, y esos granos en general tienen un menor porcentaje de germinación. Además, deberíamos buscar capítulos volcados no solo por temperatura, sino también por las palomas”.
“En cuanto al contenido de aceites, lidiamos con datos contradictorios”, señala y prosigue: “Algunos estudios concluyen que las altas temperaturas no modifican el porcentaje de aceite de los granos, mientras que otros observan una caída”.
En el caso de los golpes de calor por breves períodos, las investigaciones revelan que la concentración de aceite disminuye a partir del umbral de los 4 días consecutivos de temperaturas superiores a entre 30 y 34 grados. “Esto ocurre en el caso de estadios tempranos de desarrollo de los granos, mientras que si el estrés se produce tardíamente en ese período, el contenido de aceite puede mantenerse”, explica.
Las temperaturas nocturnas en una ventana temprana han mostrado claramente, y en un rango muy amplio de genotipos, que afectan el contenido de ácido oleico, aumentándolo. De manera que si la temperatura mínima nocturna aumenta, el contenido de oleico también se incrementa, tanto en girasoles tradicionales como alto oleico.
Respecto de los efectos de los golpes de calor, la investigadora señala que “se ha llegado a la conclusión de que cuando ocurre en una ventana temprana, existen posibilidades de recuperación posteriores a este fenómeno, ya que la enzima responsable de la formación de oleico puede retomar su actividad luego del estrés. Esto no tiene lugar cuando éste se produce en períodos tardíos del llenado, porque se le termina el tiempo de desarrollo al grano”.
Por su parte, Izquierdo resalta que “si bien el efecto de la temperatura es importante en la calidad de aceite, no afecta tanto como en el rendimiento, ya que los girasoles que se pagan por calidad hoy por hoy son los alto oleico, y el impacto de la temperatura sobre estos materiales es muy pequeño comparándolo con lo que ocurre en los tradicionales. Tiene que ser muy baja la temperatura para que haya un impacto importante sobre el porcentaje de oleico y que no se bonifique”.

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