lunes, 4 de agosto de 2014

ESPAÑA: La salud del campo gallego


El Laboratorio Agrario y Fitopatológico de Abegondo analiza las plagas y virus que afectan a los cultivos de la comunidad » Reciben cada día 1.200 muestras de vegetales, árboles y plantas ornamentales
 El agro gallego goza de buena salud pero aún así a sus cultivos les afectan plagas “puntuales y localizadas”. Con el objetivo de detectar cuanto antes el origen de las enfermedades de los cultivos y atajarlas, en el Laboratorio Fitopatológico y Agrario de Abegondo realizan análisis químicos de productos agrícolas, forestales, ganaderos, agroalimentarios, bebidas, productos para la alimentación animal e incluso residuos de fitosanitarios. Fruto de esta labor en más de 1.200 muestras que reciben cada día de las inspecciones que hacen técnicos de la Xunta han logrado identificar en los últimos años la proliferación del escarabajo o picudo rojo en palmeras, bacterias que afectan a las legumbres, la pulga saltona de la patata o el fuego bacteriano de las rosáceas.
Al igual que los médicos se encargan de vigilar la salud de las personas, las enfermedades del campo gallego las combaten en Abegondo (A Coruña) los técnicos del Laboratorio Agrario y Fitopatológico de Galicia (Lafiga). Cada día el centro recibe una media de 1.200 muestras de vegetales en las que se analizan las enfermedades y plagas que pueden afectarles. Los profesionales que trabajan en este organismo dependiente de la Consellería de Medio Rural e do Mar realizan inspecciones en patatas, tomates, pimientos, lechugas, judías, guisantes, pinos, castaños, frutales, plantas ornamentales o chopos. La Xunta reconoce que la crisis ha obligado a “racionalizar” los gastos en el Lafiga y a buscar alternativas de ahorro como la colaboración con otros laboratorios, para así poder mantener los mismos precios y servicios de los últimos años.
Cuando se detecta una plaga en algún lugar de la Unión Europea (UE) pone en marcha un protocolo de alerta que suele acabar con la declaración en cuarentena en todos los países miembros. Desde la Consellería de Medio Rural explican que a través de directivas se citan las medidas de protección contra la introducción en el espacio comunitario de organismos nocivos para cultivos y productos vegetales. Por eso, todos los estados miembros -señalan- están obligados a notificar a la UE la presencia de las plagas en su territorio y a tomar las fórmulas necesarias para erradicarlas y evitar su propagación.
Galicia, al igual que cualquier otra región agrícola de la Unión Europea, también es susceptible a las enfermedades de los cultivos. Los investigadores apuntan que además en los últimos años la globalización del comercio de plantas y semillas entre distintos países ha dado lugar a nuevas patologías. Pero aclaran que estas solo han afectado a zonas “muy puntuales” de la geografía gallega y que en la mayoría de los casos se eliminan con tratamientos fitosanitarios. Consideran en este sentido que la agricultura gallega es “muy sana, con poca afectación de plagas y muy localizadas” debido en gran parte a prácticas menos intensivas que en otras comunidades.
En el departamento de Fitopatología del Lafiga, un técnico en diagnósticos fitopatológicos y un analista de laboratorio trabajan cada día para garantizar la sanidad vegetal del agro gallego. La patata -tanto la de consumo como la de siembra- es la plantación que más se inspecciona porque también es la que está sometida a un mayor control por la Unión Europea. En los últimos cuatro años se han analizado 370 hectáreas para detectar qué provoca el quiste de la patata y otros 1.230 lotes de patata de siembra nacional con el objetivo de buscar el origen de otra enfermedad conocida como bacteriosis. Un positivo detectado precisamente en 2010 pero en las coníferas obligó a reforzar el control en las masas forestales en bordes de carretera y alrededores de incendios, aserraderos o industrias de la madera para controlar la Bursaphelenchus xylophilus y la Fusarium circinatum o hongo del pino, dos plagas que amenazan a los pinos gallegos y que se descubrieron por primera vez en 2014.
Junto con estos dos casos los técnicos del Laboratorio Agrario Fitopatológico de Abegondo descubrieron la proliferación de la Rhynchophorus ferrugineus o picudo rojo, un escarabajo de Asia tropical que pone en peligro las palmeras; la Pseudomonas syringae pv actinidae, una bacteria que infecta lilas, judías, alubias o habichuelas; la Epitrix spp o pulga saltona negra de la patata; y la Erwinia amylovora a la que se le conoce como el fuego bacteriano de las rosáceas por los daños que provoca en explotaciones de frutales de pepita y a las flores de esta familia.
Debido a la incidencia de estas plagas, la Xunta cuenta además con planes de control específicos para plantas frutales, ornamentales y hortícolas contra plagas como la Tuta absoluta o polilla del tomate; y también producciones de frutas de pepita y hueso, viñedos, viveros de kiwi, plantaciones de maíz afectadas por la Diabrotica virgifera (gusano del maíz) y palmeras.
Las muestras proceden en su mayoría de viveros analizados por técnicos de Sanidade Vexetal de la Xunta y en ellas se hacen muchas determinaciones para identificar cuál es el patógeno nocivo que le perjudica y siempre se selecciona una parte de la planta en la que hay partes sanas y enfermas porque “es ahí donde se puede detectar su actividad”.
Patata. Es el cultivo más controlado con planes de detección de enfermedades bacterianas de cuarentena en la patata. En este proceso se hace una prospección de tubérculos y de plantas para constatar si hay bacterias en la patata de siembra y en la de consumo. El Laboratorio Agrario y Fitopatológico fue uno de los primeros que puso a punto los protocolos oficiales para la detección con distintas pruebas. Pero a mayores en el centro se realizan inspecciones para definir las poblaciones del nematodo que provoca la enfermedad de la Globodera o quiste dorado de la patata. Los técnicos hacen además prospecciones sobre la virosis y muestras de turba con el fin de investigar la presencia del escarabajo de la patata.
Frutales. Una vez establecidos unos puntos de observación en viveros productores y comercializadores de plantas susceptibles a enfermedades, se recogen muestras a las que se les hacen pruebas de las patologías como el fuego bacteriano.
Roble. A través de inspecciones en viveros de ornamentales y jardines públicos se busca el hongo Phytophthora ramorum causante de la enfermedad de la muerte súbita del roble.
Pino. Junto con la patata es otra de las especies en la que la Consellería de Medio Rural centra sus planes de inspección oficial, en este caso, con el objetivo de dar con la Fusarium circinatum en pino, descubierta por primera vez en el Laboratorio Agrario.
Productos hortícolas. Algunas bacterias marchitan judías, pimientos, tomates, berenjenas y otras hortícolas. Para erradicarlas en el Lafiga usan técnicas bioquímicas y estudian el perfil de ácidos grasos de la membrana de las bacterias.
Tomate. Este cultivo es propenso a enfermedades como el virus bautizados como el del mosaico el del pepino dulce, el del bronceado, el de la cuchara y el del mosaico.
Plantas ornamentales. Los inspectores analizan estas especies que procedan de terceros países para comprobar si llevan insectos trips y otros insectos no europeos presentes en maderas y productos de la madera para la exportación.
Viñedos. Le afecta la fitoplasma causante de la flavescencia dorada que transmite un mosquito. Los primeros síntomas observados en la planta son reducción de rendimiento y más tarde si la enfermedad se propaga en los viñedos mueren. Se trata de una enfermedad de cuarentena que debe ser declarada una vez que se observen los primeros indicios.
Muestras. Los técnicos del Lafiga estudian muestras de viveros forestales para buscar organismos como el pulgón y el chancro americano del castaño, la roya del álamo o la roya blanca del crisantemo; y en viveros de frutales de hueso para atajar el virus del Sharka.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.