El Ph.D, considerado una de las 50 personas que cambiarán el mundo por la revista Wired, plantea que Chile más que agregar valor a sus productos tiene que vender su conocimiento. (César Hidalgo, director del laboratorio de conexiones Macro del Media Lab del MIT)
”Chile tiene muchas cosas positivas. Primero fue premiado con una lotería geográfica que nos ha permitido tener un nivel de ingresos que es mucho mayor que el que nuestro aporte al conocimiento mundial nos podría permitir; en ese sentido, hemos tenido la oportunidad de tener más recursos pecuniarios que los que merecemos, según el aporte que hacemos, sólo porque nos ganamos una lotería. Eso puede ayudar a tener un cierto tipo de ventaja frente a otros países que no la tienen. Pero no te va a transformar en un país desarrollado, te puede transformar en un país rico, lo que es distinto”, dice César Hidalgo, quien como director del laboratorio de Conexiones Macro del Media Lab del MIT está en el selecto grupo de individuos que se dedican a “imaginar el futuro”.
¿Qué quiere decir con esto el físico chileno de la Universidad Católica, de poco más de 30 años, que en enero de este año fue incluido por la edición inglesa de la revista de ciencia, cultura y tecnología Wired en su “Listado Inteligente: las 50 personas que cambiarán el mundo”; que ha sido nota del New York Times; y que tiene a su cargo un “Late”, o programa de horario nocturno, de ciencia, en internet (Cambrigenights.com) para el cual entrevista a lumbreras del mundo entero?
Se refiere a que para poder entender el desarrollo -como disociado de la mera riqueza- es importante considerar el componente humano que caracteriza nuestro mundo. La diferencia que hay entre distintos productos y entre los países que crean más prosperidad está explicada en gran medida por la capacidad que tienen los distintos grupos de personas de los países de “cristalizar su imaginación” o de concretar ideas.
“Esta noción de imaginación cristalizada es muy central para mí, es la forma como veo el mundo” comenta Hidalgo, desde el MIT, un par de días antes de aterrizar en Santiago a donde vino a reunirse con distintas autoridades y a participar en el seminario Seminario “Desafíos: innovación y emprendimiento”, organizado por la Secretaría de Agricultura de la Región Metropolitana.
Y aplica este pensamiento a las actividades humanas económicas. Para él, el comercio internacional puede conceptualizarse como el intercambio de imaginación, cristalizando los países su conocimiento en los productos y servicios que generan. Esta conceptualización permite entender la estructura productiva de los países y, a la vez, sostener que el tipo de productos que exporta un país provoca patrones de desarrollo futuro que son predecibles.
En el caso de Chile, un país con abundantes recursos naturales, el desafío estaría en lograr desarrollo a pesar del engañoso crecimiento que estos recursos naturales generan.
Así, su descripción y análisis de la base exportadora de Chile ofrecen un punto de vista no ortodoxo y al borde de lo poético: “Las principales exportaciones de Chile son piedras del desierto, algo que es de todos modos positivo, pero no hay mayor intercambio de imaginación ahí”.
La manzana del campo y la de Steve Jobs
Que Chile comercialice principalmente piedras del desierto y que Estados Unidos y Alemania exporten más bien maquinaria supone caracterizar los productos y servicios del mundo en función de la cantidad de conocimiento que traen. Así, los países difieren en su habilidad de incorporar conocimiento en sus productos y servicios.
Para explicar esto y acercar el tema al agro, César Hidalgo explica su concepto comparando manzanas… con manzanas.
“Por un lado tenemos las manzanas que uno compra en el supermercado -¡las que metieron a Adán y Eva en problemas!-, y por el otro, están las manzanas como la del celular de Apple, que usamos para comunicarnos con otra gente”.
La diferencia entre las que crecen en la VI Región de Chile y las que se fabrican en Silicon Valley radica en que “las que crecen en los árboles son productos que existieron en el mundo primero, y en la cabeza de las personas después. Existen manzanas desde antes que tuviéramos palabras para las manzanas, antes que tuviéramos un precio para las manzanas o un mercado para ellas”, aclara.
Ciertamente, el desarrollo de la tecnología en el agro ha incidido mucho en cómo han cambiado las manzanas que vienen de la tierra: se han hecho más grandes, de un calibre más regular, son más resistentes a las pestes, tienen mejores sabores, crecen en nuevas áreas, entre muchas otras características que el físico reconoce casi tan bien como lo haría un exportador frutícola.
Pero recalca que a pesar de todas las mejoras que ha involucrado su cultivo, siguen siendo la misma fruta original.
“Una manzana no deja de ser tal, independiente del hombre. Sí es cierto que es muy compleja, incluso más que la de Silicon Valley, pues tiene una maquinaria molecular espectacular para que pueda crecer. La manzana de Silicon Valley, en tanto, existió primero en la cabeza de un hombre y luego en el mundo. Esa manzana es un “cristal de imaginación”, explica.
Detrás del desarrollo de esta teoría hay un equipo completo de científicos y cientos de horas hombre de desarrollo y mediciones hechas de forma empírica. Se usaron las glosas de exportación universales de 1.000 productos, que se aplicaron a 200 países a lo largo de 50 años y que se tradujo en una visualización gráfica de los datos y una aplicación denominada el “Atlas de la Complejidad Económica”.
A partir de ella el mundo se traduce en países que son importadores netos de conocimiento -como Chile- y otros que son exportadores.
“Cuando Chile importa un auto, está importando imaginación, es decir, hubo alguien que imaginó el motor del auto, su electrónica, su diseño, el tipo de textil que se iba a usar, antes de que fuera producido”, dice César Hidalgo.
Y dado que Chile tiene productos con cierto valor de intercambio, como el cobre, la celulosa, el vino, los salmones, puede acceder a estos productos que conllevan mayor conocimiento.
Chips y cobre no están conectados
Entonces, ¿habrá que pensar en agregar valor a nuestras exportaciones o directamente en reemplazar lo que se tiene?
Hidalgo piensa que no necesariamente. Su propuesta va más por pegarse un salto y ampliar lo que ya se hace hacia otros horizontes.
“Está muy bien que Chile tenga el agro, minería, pesca, el sector forestal. Pero hay sectores que nos hacen falta y para entrar en ellos no es necesario dejar aquellos en los que ya estamos. Hay que expandirse. Los países se desarrollan al “saltar” de los productos que hacen a otros productos que les quedan cerca. Chile saltó de un tipo de producción de fruta al de otra, y así sucesivamente. Pero esto tiene un límite. Ese espacio se copa. Lo que tiene que hacer luego Chile es reproducir en otros lados lo que sabe hacer: por ejemplo, exportando servicios de administración agrícola”.
Va aún más allá: piensa que es un error tratar de agregar valor a la materia prima, ya que éstas y los productos procesados no están conectados.
“Es más fácil adaptar las materias primas al conocimiento que al revés. Así, Corea fabrica baterías a partir de litio que compra a Chile, no porque había que agregar valor al litio sino porque éste podía servir para las baterías que desarrolló. No tiene nada que ver con el valor del litio per se. Los países que elaboran productos de mayor conocimiento no se limitan a las materias primas que tienen disponibles por su geografía, porque existe un comercio internacional mucho más fluido para todas las materias que para el conocimiento productivo”.
Es decir, el camino de Chile no pasa por convertir el cobre en cables, porque los conocimientos de la minería del cobre están más cerca de la de otros metales que los de la manufactura de procesadores (“chips”). Por ello plantea que las cadenas de valor no son lo que deben determinar las coproducciones.
Plantea que en el caso del agro chileno, el salto cualitativo ocurrirá en la medida en que se continúe pensando innovadoramente y, más allá de vender frutas y vinos, exporte know how.
“Ciertamente es más o menos limitada la cantidad de know how que uno puede meter en una manzana que crece en un árbol, comparado con el de la manzana que creció en Silicon Valley. Pero sí se puede pensar en un futuro en que exportan su conocimiento por medio de la exportación de servicios a países que no tienen un agro tan desarrollado como el de Chile”, resume el científico.
No se trata sólo de servicios asociados al agro, de investigación genética.
“Hay países que no tienen un sector agrícola tan desarrollado como el de Chile. El agro chileno podría expandirse a otros territorios, yendo a desarrollar los terrenos y las exportaciones, pues ya tienen el conocimiento: por ejemplo, sabe las condiciones legales que se necesitan para exportar productos a la Unión Europea y a Estados Unidos, tiene claros los requisitos fitosanitarios que hay que cumplir, cómo manejar, administrar y hacer crecer ese tipo de cosecha, etc. Este conocimiento no existe en todas partes del mundo y Chile sí lo tiene. La pregunta es: ¿será Chile capaz de desarrollar acuicultura en otras latitudes? Hay cuerpos de agua en muchos países en vías de desarrollo que no lo han explotado comercialmente de la manera en que Chile lo ha hecho”.
Desde esa perspectiva las oportunidades son múltiples. Si hay enólogos chilenos a cargo de viñas afuera, ¿por qué no pensar en la exportación de servicios de otros rubros?
Fomentar la inmigración de científicos a chileCésar Hidalgo considera que Chile tiene que hacer una apuesta estratégica para desarrollar disciplina y conocimientos, con actividades de investigación y desarrollo planteadas no sólo desde el sector privado como ciencia aplicada a las estructuras productivas, sino también desde las universidades.
“El desarrollo de conocimiento supone creatividad, la cual a su vez requiere de libertad. En Chile falta un entendimiento colectivo acerca de la importancia de la ciencia y de cuál es el marco que ésta requiere para ser desarrollada. Chile requiere invertir más en I+D, a lo menos alcanzar el promedio de la OCDE, pero estamos lejos. La ciencia no es entendida como un componente integral y recurrente de la sociedad, no es una forma de pensar el mundo que hoy en día se utilice mayormente”.
Es difícil. Chile está en el fin del mundo y es una isla encerrada entre cordillera y mar. Por eso hay que distinguir entre lo que es desarrollar la ciencia chilena y desarrollar a los científicos chilenos, que no es lo mismo. Una forma de hacer lo primero es fomentar la inmigración, dice Hidalgo.
“Debería haber políticas que ayuden a aumentar la diversidad de la sociedad. Es muy positivo: llegan personas con distintas ideas, con distintas percepciones del mundo, distintos conocimientos, destrezas”.
Cree que se puede hacer replicando algunos programas como el del Star Up, con un foco distinto. “El programa de emprendimiento Start Up Chile ha conseguido atraer gente. Ha sido un éxito del Gobierno tanto en atraer personas desde distintas partes como en demostrar la importancia de la innovación. Podría haber un programa similar no basado en start ups de tecnología sino que en el desarrollo de ciencia. No creo que el desarrollo de la ciencia en Chile sea el del desarrollo de científicos que nacieron en Chile solamente. Se puede atraer a buenos estudiantes de todo el mundo. En EE.UU. el desarrollo de la ciencia es así. La mitad de los profesores del MIT es internacional”.
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