El aporte sirvió para realizar más del 15 por ciento de inversiones en obras, en todas las provincias
De acuerdo a los cálculos de la consultora Noanomics, para todo el 2015 el FFS significará casi unos $ 16 mil millones, que habrán servido para fondear un 12,5% de los $ 126 mil millones destinados a Gastos de Capital que estimamos podrían haberse ejecutado en el año que terminó. Pero sobre este promedio que no parece tan elevado hay provincias cuya inversión pública depende fuertemente del FFS.
Son 15 los distritos cuya dependencia del FFS es superior a la media. En Corrientes casi un tercio de los Gastos de Capital son financiados por el FFS, llegando a un cuarto en Tierra del Fuego, Buenos Aires y Mendoza. También con una elevada dependencia aparecen Río Negro (21,1%), Tucumán (20,2%), Santa Cruz (18,7%), Salta (17,5%), Jujuy (17%), Entre Ríos (16,8%), Santa Fe (16,2%), Córdoba (15,8%), Catamarca (14,2%) y La Rioja (13,1%). Entre las que el FFS explica menos el nivel de inversión pública ejecutada está CABA con solo el 2,6%, lo que es lógico por su escasa participación en la distribución de recursos de coparticipación, siguiendo Misiones, Neuquén y Chubut con porcentajes de entre el 5% al 6%.
En los casos de algunas provincias con poco peso del FFS como Misiones, Santiago del Estero, Formosa o Chaco se debe mas bien a que fueron más favorecidas por transferencias de capital discrecionales que disminuyeron su importancia relativa en el total.
Con la disminución de las alícuotas de los derechos de exportación de soja del 35% al 30% y de sus derivados del 32% al 27%, una proyección de aumento del 4% en la producción para la campaña agrícola de soja en 2016, y manteniendo los precios internacionales prácticamente invariables, el FFS del año 2016 podría repartir unos U$S 1.480 millones; es decir una caída del 11%.
Serán entonces estas 15 provincias identificadas como más vulnerables las que mayor ingeniería financiera deberán realizar para compensar este menor flujo de recursos con otras fuentes de financiamiento, de manera de no afectar significativamente la inversión pública.
Lógicamente las productoras de granos sufrirán relativamente menos ya que la rebaja de alícuotas impulsará sus economías y recaudaciones provinciales. Pero al margen del 2016, en el que en definitiva la disminución en el FFS podría no ser dramática, su progresiva desaparición plantea con mucho tiempo de anticipación el debido reemplazo que todos los distritos deberán realizar de un instrumento que las “obligaba” a invertir.
Este era el único aspecto positivo del FFS y sería bueno diseñar un mecanismo similar que lo sustituya en cuanto a la exigencia de destinar parte de los fondos distribuidos automáticamente a las provincias con el específico fin de asignarlos a Gastos de Capital.
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