sábado, 5 de julio de 2014

Enfermedad respiratoria en el porcino


Un enfoque general al uso de expectorantes y mucolíticos en la terapia paralela.
Los porcicultores se están enfrentando, en la actualidad, a una creciente necesidad de proteger a sus piaras contra las enfermedades respiratorias, principalmente iniciadas por Mycoplasma hyopneumoniae y contra la incidencia cada vez mayor de Haemophilus parasuis. Este último es un patógeno que no puede ser eliminado mediante prácticas progresivas como el destete precoz segregado o medicado, ni la llamada producción todo dentro – todo fuera.

Una vez que el M. hyopneumoniae afecta a la granja, los daños se multiplican rápidamente, pues ataca el epitelio ciliado que recubre internamente los conductos aéreos, así se crea una condición respiratoria crónica. Esto se determina clínicamente, a partir de diferentes visitas a granjas porcinas.

El daño mencionado conlleva a un acceso más sencillo de los invasores secundarios, como Pasteurella multocida y Actinobacillus pleuropneumoniae. Los brotes, generalmente, se observan en los cerdos de 1 a 3 meses de edad, y los signos van desde una tos persistente, seca y no productiva, hasta una reducción en la tasa de crecimiento e impacto en la eficiencia alimenticia. Las evaluaciones del sistema respiratorio realizadas rutinariamente en mataderos, a partir de la medición de los niveles de score de lesiones (hepatizaciones rojas y grises), demuestran que la incidencia de la enfermedad puede ser hasta de 80 %.

Asimismo, el Haemophilus parasuis representa una amenaza creciente en la producción porcina rentable. Pero, ¿cuánto daño causa? Las cifras recientes indican que más del 60 % de los cerdos pueden estar afectados por este patógeno de ocurrencia natural y potencialmente dañino.

Cuando el H. parasuis ataca un centro de producción que no ha tenido contacto previo con esta bacteria, lo hace con fuerza y rapidez, causando poliserositis y artritis. Las tasas de mortalidad llegan hasta el 50 %. Los signos clínicos pueden aparecer de 3 a 7 días después de la exposición, y pueden ser los siguientes: inapetencia, pérdida de peso, fiebre, inflamación de las articulaciones, claudicación, temblores musculares y convulsiones. Si bien la enfermedad afecta, por lo general, a cerdos jóvenes, estos no son los únicos que pueden sufrir el H. parasuis, pues también ataca mortalmente a los adultos.

Al hablar de enfermedad respiratoria de los porcinos, se alude a los agentes bacterianos mencionados anteriormente. Actualmente, se ha descrito la enfermedad respiratoria como el Complejo Respiratorio Porcino (CRP), en el cual intervienen también agentes virales como el virus del Síndrome Respiratorio y Reproductivo del Porcino (PRRS), Influenza Porcina, Circovirus Porcino tipo II y Enfermedad de Aujeszky, este último no reconocido aún en el país.


¿Qué sucede internamente en el cerdo?
Recientemente, se ha demostrado que el M. hyopneumoniae es capaz de inducir la liberación de citoquinas, entre las cuales se ha demostrado que la Interleukina 10 posee efecto inmunosupresor. Esto explica la mayor severidad de las lesiones cuando existen infecciones simultáneas con el virus del PRRS.

De igual modo, existe evidencia que pueda ejercer una supresión de la función de los polimorfonucleares en las vías respiratorias del animal, lo cual conlleva a una posible responsabilidad en la potenciación de las infecciones bacterianas secundarias, en los pulmones de cerdos infectados con M. hyopneumoniae. Una respuesta fagocítica reducida también ha sido demostrada en macrófagos alveolares que, a su vez, acarrea el establecimiento de infecciones secundarias.

La respuesta defensiva inmediata se basa en el aparato mucociliar, que lleva a las bacterias y detritus celulares fuera del tracto respiratorio. Existen diferentes microorganismos como el M. hyopneumoniae o el H. parasuis que son capaces de adherirse a los cilios o a las células del epitelio respiratorio y dañar este aparato mucociliar, por tanto, dañan su capacidad de limpiar las bacterias y los detritus. Este hecho permite que bacterias secundarias como P. multocida, B. bronchyseptica, entre otras, colonicen el aparato respiratorio y se incremente la neumonía.

La actividad reducida de los macrófagos alveolares permite que se instauren infecciones virales, como el Síndrome Respiratorio y Reproductivo del Porcino (PRRS), la Influenza Porcina, la enfermedad de Aujeszky y enfermedades bacterianas, tales como la Pleuroneumonía Porcina.

Las infecciones secundarias agravan el cuadro clínico y la severidad de las lesiones pulmonares iniciales. Las infecciones experimentales combinadas de M. hyopneumoniae y Pasteurella multocida se traducen en lesiones de mayor severidad, cuanto menos, en comparación con las producidas por infecciones de cualquiera de dichos agentes por separado.



Estrategias de Control

Eliminación
En nuestro país, a la fecha, no es factible mantener granjas comerciales libres de M. hyopneumoniae. Se sabe que la transmisión se produce a distancias superiores a tres kilómetros, en tal sentido, es muy difícil evitar el contagio, especialmente en áreas de alta densidad poblacional.

Sistemas de producción y manejo de instalaciones
No cabe ninguna duda que mejorar las instalaciones y su respectiva administración y manejo ayuda a controlar la neumonía por mycoplasma, así como la de cualquier otra patología respiratoria. Desarrollar un sistema más óptimo de ventilación y volumen adecuado de aire, reducir la densidad poblacional de los animales, limitar al máximo las cantidades de polvo y amoniaco, entre otras medidas, son del todo deseables en una granja.

Antibióticos
Hasta hace unos años, las medicaciones orales eran la única solución: antibióticos de grupo de los macrólidos y afines, como lincomicina, tiamulina, tilmicosina, etc., se han utilizado de modo extensivo. El hecho es que siguen siendo efectivos y lo más práctico, entre lo que se puede emplear, para afrontar problemas que se extienden en gran parte de la piara.
Los inyectables solo se han utilizado para las neumonías agudas bacterianas. A pesar de tener ventajas indudables, entre las que destaca su amplio espectro de acción, presentan inconvenientes como la necesidad de administrar dosis repetidas.

Vacunas
Hace poco más de dos décadas, la aparición de vacunas para hacerle frente al M. hyopneumoniae permitió desarrollar nuevas estrategias de control y prevención. La vacuna elegida debe demostrar que no existe impedimento para que sea administrada en el más breve plazo, es decir, antes de la replicación; y a su vez, produzca una protección eficaz en presencia de anticuerpos maternales, y que esta protección se instaure rápidamente.
También es imprescindible que la vacuna elegida induzca inmunidad celular y local en la mucosa del aparato respiratorio, que es donde realmente habita la bacteria. Además, la inmunidad inducida en los animales vacunados debería ser muy sólida y durarles toda la vida.
La elección de un biológico, de una o de dos dosis, debe ser analizada por el profesional veterinario, pues cada establecimiento es una historia distinta y responde a diferentes aspectos sanitarios. Nunca se debe escoger un producto en función a la comodidad de aplicación, ya que es necesario considerar ante todo su eficacia. Asimismo, la calidad del producto y la tecnología del adyuvante tienen una injerencia determinante.

Expectorantes y mucolíticos
El uso de estos productos es de notable gravitación, como tratamiento paralelo a los antibióticos, pues generan sensación de mejoría y ayudan al aparato mucociliar, llevando las bacterias y detritus celulares fuera del tracto respiratorio.


A continuación, algunos principios activos:

a. Eucaliptol
El eucaliptol o aceite de eucalipto (1,8- cineol) es el principal componente de la esencia de Eucalyptus, de ahí que tiene las mismas propiedades que ésta: balsámico, expectorante y antiséptico de las vías respiratorias; pero a su vez es menos irritante de las membranas mucosas. Se obtiene de las hojas de las diversas especies de eucalipto, líquido miscible con alcohol, y su olor varía entre el de la menta y el de la trementina.
En veterinaria, se administra por vía oral en el tratamiento de problemas respiratorios que cursen con mucosidad. Se usa, comúnmente, como descongestionante y expectorante en infecciones respiratorias del tracto superior o en inflamaciones, así como para varias afecciones musculoesqueléticas. Ayuda para el alivio de la tos en bronquitis, laringitis y traqueobronquitis.

Eucalipto, del cual se obtiene una esencia balsámica, expectorante y antiséptica.

En procesos respiratorios, el eucaliptol tiene dos propiedades que resaltar:
  • Expectorante, que son los que producen la expectoración, es decir, la eliminación del exceso de mucus de las vías respiratorias.
  • Antiinflamatorias, pues disminuye la inflamación, permitiendo una mejor respiración. En este caso, el eucaliptol, después de un breve período de estrechamiento nasal, produce su apertura y la estimulación de las vellosidades que tapizan los conductos nasales.

b. Guaifenesina
La guaifenesina es el éter glicerílico del guayacol (sustancia semisintética derivada del guayacolfenol). Conocida también como guayacolato o glicerilo, aumenta la producción y la fluidez de la secreción bronquial a través de un mecanismo desconocido; el hecho es que favorece la eliminación de las secreciones.
La guaifenesina se absorbe bien en el tubo digestivo tras su administración por vía oral; sufre un rápido metabolismo hepático y da lugar a metabolitos como el ácido beta-2-metoxi-fenoxi-láctico, que son eliminados con la orina. Su semivida de eliminación es de una hora.
La historia del uso de este fármaco nos remite a los indios de Norteamérica, quienes utilizaron varios principios del árbol de guayacán. Consiguientemente, los españoles los introdujeron en Europa para el tratamiento de la sífilis. Siglos después, en 1955, se contaba ya con reportes sobre sus acciones contra el dolor de garganta, el tratamiento de gota y el de reumatismo crónico. En 2002, la FDA lo tiene determinado como un fármaco seguro y de liberación programada (versiones aprobadas).

Guayacán, de cuya resina se obtiene la guaifenesina.

Se cree que la guaifenesina actúa como un expectorante, reduciendo la viscosidad de las secreciones en la tráquea y los bronquios. También estimula el flujo de secreciones de las vías respiratorias, lo que permite el movimiento ciliar para llevar las secreciones sueltas hacia la parte proximal del sistema respiratorio, hacia la faringe. Por lo tanto, puede aumentar la eficiencia del reflejo de la tos y facilitar la eliminación de las secreciones.

c. Bromhexina
La bromhexina es un derivado sintético del ingrediente activo de procedencia herbolaria vasicina. Este principio activo promueve el aclaramiento mucociliar, es decir, el transporte del moco al reducir su viscosidad y activar el epitelio ciliado.

Justicia adhatoda, planta que tiene el alcaloide vasicina.

En estudios clínicos, la bromhexina ha demostrado un efecto secretolítico y secretomotor en el área del tracto bronquial, lo que facilita la expectoración y hace más fácil el mero hecho de toser. La bromhexina se comporta como un mucolítico y expectorante, por activación de las glándulas seromucosas.
En la secreción procedente de las células glandulares serosas se comprueba abundantes lisosomas, cuyas enzimas fisiológicas fragmentan las fibras de mucopolisacáridos ácidos, lo que determina una disminución de la viscosidad de la secreción bronquial y la activación de la expectoración. Luego de la administración por vía oral, la bromhexina se absorbe a través del tracto gastrointestinal, y la concentración máxima en plasma se alcanza al cabo de una hora.
En cuanto a la farmacocinética del producto, cabe indicar que experimenta una cinética de primer paso de 75-80 %, y la biodisponibilidad absoluta de las formas orales es de 20-25 %. Se une en alto grado a las proteínas plasmáticas (95-99 %) y presenta un alto volumen de distribución, principalmente en el plano pulmonar. Se metaboliza en el hígado y en plasma.
Se han detectado por lo menos 10 diferentes metabolitos, entre los que se incluyen el ambroxol, que es farmacológicamente activo. La mayor parte de la dosis administrada se elimina por vía renal en forma de metabolitos, en tanto que escasas cantidades (0-10 %) lo hacen en ¬forma inalterada; mientras que aproximadamente 4 % es eliminado a través de las heces. Ejerce acción mucolítica, dado que fragmenta las fibras de mucopolisacá¬ridos ácidos de la secreción viscosa y adherente del tracto respiratorio.


Conclusiones
Está demostrado que el uso de expectorantes y mucolíticos, como medida alterna a la terapia antibiótica en los procesos infecciosos respiratorios, produce una menor pérdida de la condición del cerdo, puesto que al estado general de mejoría se añade la posibilidad que tiene el animal de realizar la respiración con menos dificultad; a su vez, elimina material infeccioso y detritus celulares, liberando las vías respiratorias bajas.
Actualmente, existen en el mercado alternativas y combinaciones, las que son de fácil administración. Son recomendables aquellas que se diluyen en el agua de bebida.
Pueden usarse también los inyectables, siempre y cuando su aplicación no conlleve a mayores complicaciones por la manipulación de los animales afectados. El inyectable se amerita cuando el cuadro tiene una elevada complejidad.
Cabe agregar, finalmente, que la orientación hacia la prevención de la medicina actual debe enfocarse también en que no se descuiden las acciones de vacunación, siempre orientada al microorganismo que predomina en la granja y teniendo en cuenta la prevalencia preexistente.


Bibliografía
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