
El peor impuesto que paga la producción agropecuaria es el pobre acceso comercial de las exportaciones. El más salvaje, injusto, corrosivo, el que más daño hace al país está fuera de fronteras. Y lo ignoramos. Creemos que los mayores impuestos son internos. Y nos engañamos; creemos que tenemos un acceso a mercados como pocos. Un […]
El peor impuesto que paga la producción agropecuaria es el pobre acceso comercial de las exportaciones. El más salvaje, injusto, corrosivo, el que más daño hace al país está fuera de fronteras. Y lo ignoramos. Creemos que los mayores impuestos son internos. Y nos engañamos; creemos que tenemos un acceso a mercados como pocos.
Un ejemplo a continuación nos indica que no estamos en ninguna posición de privilegio. La Cámara de la Industria Frigorífica estimaba, solo para la carne, en 2013, que Uruguay dejaba US$ 223 millones en recaudación a los países donde exportaba; US$ 158 por cada animal destinado a la exportación. En un novillo significan 60 centavos de dólar por kilo en gancho.
Ese es dinero que deja de percibir toda la cadena y queda en beneficio de los países importadores. Veamos cómo funciona, en este caso con Estados Unidos. Uruguay tiene una cuota de 20.000 toneladas en Estados Unidos, la cual se reparte entre los exportadores. Supongamos que a un exportador le asignan 1.000 toneladas. Este recibirá un valor de 100 por todo lo que venda dentro de esas 1.000 toneladas. Cuando se agote su cuota, por cada kilo extra, ese exportador recibirá 74, y los otros 26 irán a las arcas del gobierno de Estados Unidos.
Ahora, un productor y exportador de Australia siempre recibe 100 porque este país tiene mucho más cuota negociada. (Y aun así se han enfilado hacia un Tratado de Libre Comercio). Es decir, queda con una ventaja abismal frente a nosotros. Nótese que el importador y el consumidor estadounidense siguen pagando siempre lo mismo: 100. Gana el Estado importador, pierde el exportador de Uruguay. Ese impacto de las cuotas y los aranceles es más feroz en Europa.
En los últimos años, acompañamos hipnotizados los petrodólares de Rusia y Venezuela. Y también seguimos a Brasil, cuando su moneda era todopoderosa. Eso estuvo muy bien, el problema es que solo hicimos eso. La fiesta duró poco y volvimos a una realidad inocultable: nuestro acceso comercial es pobre, menesteroso. Dormimos una década de siesta, no avanzamos nada en alcanzar con mayor profundidad los mercados principales.
Tenemos que ser conscientes de la imposibilidad de un salto en valor y en calidad de la producción agropecuaria y de alimentos si no mejoramos el acceso a los mercados desarrollados y esto es Europa y Norteamérica en primer lugar. Los consumidores más sofisticados para productos de calidad están ahí.
Nuestra Cancillería enfatizó lo político cuando todo el mundo daba saltos de garrocha en lo comercial pergeñando y avanzando en tratados de diversa índole. Hay una oportunidad histórica en revertirlo y para ello se precisa un foco y un esfuerzo único, una política de Estado y un plan estratégico absolutamente comprometido y decidido en lograr un cambio cualitativo en el acceso comercial de Uruguay. Hay indicios que la nueva conducción de política exterior va por ese camino. No obstante, todas las instituciones vinculadas al agro deben tomar un rol activo en liderar, apoyar los esfuerzos y participar en las negociaciones para que esto ocurra.
El tratamiento arancelario y las condiciones de acceso comercial de las exportaciones de Uruguay son el peor impuesto. Por su magnitud, porque nada queda en Uruguay. ¿Cuánto más paga todo el agro en su conjunto? Quizás sea una cuenta reveladora que nos motive a forjar un cambio radical en mejorar las condiciones de acceso de los productos del país.
El tratamiento arancelario y las condiciones de acceso comercial de las exportaciones de Uruguay son el peor impuesto. Por su magnitud, porque nada queda en Uruguay. ¿Cuánto más paga todo el agro en su conjunto? Quizás sea una cuenta reveladora que nos motive a forjar un cambio radical en mejorar las condiciones de acceso de los productos del país.
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