viernes, 31 de agosto de 2012

La biotecnología y Monsanto



La aprobación de la nueva soja de Monsanto y más eventos en maíz permiten acortar distancias con Brasil.
La Argentina se ha puesto definitivamente, otra vez, en el camino de la carrera biotecnológica y quedó más cerca de alcanzar a Brasil en materia de cantidad de eventos autorizados. La aprobación del Gobierno y el lanzamiento que hizo esta semana la firma Monsanto de su soja Intacta RR2 PRO, la “heredera” del evento de 1996 que ahora llega con una nueva tecnología de tolerancia al glifosato e incorpora la resistencia a insectos, fue la confirmación de esa tendencia. Sumando la nueva soja y el recientemente quíntuple apilado en maíz de Dow Agrosciences, el país cuenta con 27 eventos aprobados comercialmente, entre maíz, soja y algodón. Brasil posee 33 para los mismos productos y poroto. Y los Estados Unidos tienen 91, entre diversos cultivos. Esa es la foto general. Pero hay matices. La Argentina posee más eventos aprobados en maíz que Brasil. Son 20 contra 18. En soja, en tanto, Brasil está en la delantera: ya autorizó 5 eventos, versus 4 de la Argentina. Hasta 2006, en el total de productos habilitados la Argentina superaba a Brasil, pero ese año los brasileños tomaron la decisión política de que la biotecnología debía ser una política de Estado y rediseñaron un marco regulatorio que permitió la agilización del proceso de aprobación y la captura de valor en soja para las empresas. Con eso Brasil comenzó a desplazar a la Argentina.
“Ahí Brasil nos sobrepasó. Perdimos terreno porque faltaba la decisión política de que la biotecnología era una política de Estado”, señaló Miguel Rapela, director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA). Sin embargo, según Rapela, esa situación comenzó a cambiar con la llegada de Julián Domínguez a la cartera de Agricultura. El actual presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y ex ministro de Agricultura introdujo cambios que son considerados positivos.
“Faltaba decisión política de que la biotecnología debía ser política de Estado, pero eso se tomó desde Domínguez en adelante y se modernizó el proceso de evaluación y administrativo y de desregulación. Así, de los cuatro años que demandaba un proceso de desregulación ahora eso está en alrededor de dos años”, indicó Rapela.
Eso continúa hoy con el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, y el secretario del área, Lorenzo Basso. Es, tal vez, la única política acertada que ha tenido el kirchnerismo en la relación con el campo, luego de destruir con su intervención los mercados de carne, trigo y leche.
“Recuperamos terreno perdido”, indicó Rapela. Un dato convalida esto: desde la creación del Ministerio de Agricultura, en septiembre de 2009, ya se aprobaron 14 eventos. Antes de esa fecha se habían autorizado 13, lo que significa que en tres años se habilitaron más eventos que en toda la historia del sistema regulatorio, que viene de 1991.
Puntualmente en soja es donde la Argentina quedó a un paso de Brasil, con 4 eventos versus 5 del vecino país. Además de la misma tecnología en este cultivo, en Brasil está en la última etapa de análisis una soja tolerante a imidazolinonas que desarrolló Embrapa, “el INTA” de Brasil.
“La aprobación de la nueva soja, sin duda, vuelve a poner a nuestro país en carrera frente a Brasil. Hoy no sólo se ha alcanzado un número similar de eventos aprobados [en soja], sino que el sector productivo podrá contar con las últimas tecnologías y, por lo tanto, recuperar competitividad. Esta aprobación, junto con las últimas de maíz, reposiciona a la Argentina como líder regional y también mundial en materia regulatoria debido al ritmo acelerado con que se efectuaron”, expresó Gabriela Levitus, directora ejecutiva de ArgenBio.
Otro paso más
Yauhar, con Bernardo Calvo y Pablo Vaquero, presidente y vice, respectivamente, de Monsanto. Foto: MINISTERIO DE AGRICULTURA
En diversas empresas coinciden que la Argentina vuelven a estar en carrera. “Estamos recuperando competitividad y la reciente aprobación en soja, acompañado de un modelo de captura de valor, nos pondrá en dos a tres años a tiro de Brasil”, dijo Ignacio Conti, gerente de marketing del negocio de semillas oleaginosas de Dow Agrosciences.
“La aprobación de la nueva soja es una excelente noticia para el país. Nos ayuda a aumentar la competitividad de nuestros productores y de nuestro país y genera condiciones más favorables para atraer nuevas inversiones en el sector”, afirmó, por su parte, Carlos Becco, director de soja de Syngenta.
Desde Don Mario, Manuel Mihura, director de estrategia y nuevos negocios, coincidió: “Es una excelente noticia y para la Argentina es un gran paso de los tantos que tienen que ir sucediendo para intentar construir y recuperar el camino del liderazgo tecnológico que supo tener”.
Para Eduardo Leguizamón, asesor de Illinois, el país quedó “con las mismas armas que cuenta Brasil”.
A todo esto, Rodolfo Rossi, fitomejorador de soja de Nidera, subrayó: “Desde el punto de vista de aprobaciones, en soja nos hemos recuperado en relación a Brasil, pero no así en los trabajos de investigación y creación de variedades. Las empresas propietarias de las nuevas tecnologías todavía mantienen una actitud de observación sobre si se modifica favorablemente en el país la incierta situación referente a la propiedad intelectual en semillas, germoplasma y eventos”.
Precisamente, en la industria semillera admiten que el punto que falta terminar de cerrar es el vinculado con la propiedad intelectual. Hoy la ley de patentes protege el evento, como el que patentó Monsanto. Vale recordar que Monsanto impulsó la firma de cartas donde productores que representan el 68% del área sembrada a nivel país (y más del 90% en el Norte) ya manifestaron su conformidad en pagar regalías.
Sin embargo, está abierto el debate por el germoplasma y una nueva ley de semillas. Sobre esto, el Gobierno también está dando señales. El martes pasado, cuando la multinacional presentó su nueva tecnología, tanto el ministro Yauhar como Basso dijeron explícitamente que a la tecnología había que pagarla. Pero además adelantaron que se está trabajando con el sector en un borrador para una ley de semillas. Sobre la ley actual, que viene de 1973, cuando no había eventos transgénicos, se objeta entre otros puntos que no es muy contundente sobre los límites al uso propio.
“Pensamos que el uso propio debe ser gratuito para un determinado tamaño de productor y que el que pueda pagar pague”, remarcó Rapela.
En el encuentro del martes pasado, los funcionarios igual expresaron que con el nuevo proyecto se procurará resguardar a los pequeños productores.
En este contexto, Ricardo Reddy, director del semillero Sursem, explicó que una nueva ley de semillas podría permitir a las empresas recuperar sus inversiones. “Sería importante que se concrete la sanción de una nueva ley de semillas que contemple la protección de las obtenciones intelectuales y permita recuperar las inversiones que las empresas hacen durante años para lograrlas”, opinó.
Un dato: según información de la industria semillera, colocar un nuevo evento en el circuito comercial representa una inversión promedio [entre todos los cultivos] de US$ 136 millones y un plazo medio de 13 años. Además, por cada producto logrado se descartan 6000.
Por el momento, en materia de reconocimiento de la propiedad intelectual la Argentina está en desventaja. “La soja tiene en la Argentina un muy bajo reconocimiento de la propiedad intelectual del germoplasma, de aproximadamente 35/37% [entre semilla fiscalizada y regalía extendida]. En Brasil la semilla fiscalizada ronda el 80% promedio país”, ejemplificó Mihura.

DIXIT


  • “Nos hemos recuperado en relación con Brasil. Un reconocimiento adecuado a la propiedad intelectual propiciará que los proyectos de las empresas semilleras se aceleren”. Rodolfo Rossi. Nidera
  • “La decisión política y la renovación del marco regulatorio permitió recuperar el terreno perdido. La pata que falta cerrar es la de la propiedad intelectual”. Miguel Rapela. Asociación de Semilleros
  • “Existe una gran potencialidad por explotar en los desarrollos obtenidos por investigadores nacionales, ninguno de los cuales todavía llegó al mercado”. Lorenzo Basso. Secretario de Agricultura .

27
eventos
fueron autorizados comercialmente en la Argentina hasta el momento entre maíz, soja y algodón
33
eventos
fueron aprobados en Brasil entre los cultivos de maíz, soja, algodón y poroto

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