sábado, 27 de febrero de 2016

Qué hacer con las malezas: el desafío para el agro que viene


Un artículo difundido por el Inta hace foco en la necesidad de un manejo integrado para su control, combinando monitoreo, planificación y rotación de cultivos.
En los últimos años, los sistemas agrícolas extensivos de la Argentina y del mundo se vieron afectados por la aparición de especies resistentes al control químico, lo que preocupa cada vez más a los productores agropecuarios debido no sólo al costo económico de su control, sino también, por la frecuencia de su aparición. Este tema fue analizado en el último número de la Revista de Investigaciones Agropecuarias del Inta y que reproduce Inta Informa.
Al competir por el agua y los nutrientes del suelo, generan pérdidas económicas e interfieren durante la cosecha. De hecho, un trabajo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y la empresa Adama Argentina, en el país se invierten alrededor de 1.300 millones de dólares por año para combatir este problema.

Un estudio de campo liderado por el docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata e investigador de la Unidad Integrada del INTA Balcarce –Buenos Aires–, Francisco Bedmar, demostró que existe una competencia real con los cultivos. Trabajos realizados en el sudeste bonaerense, con cultivos bajo siembra convencional y sin control de malezas, mostraron reducciones promedio en los rindes de 76  por ciento en soja, 65 por ciento en maíz y hasta 38 por ciento en girasol si no se las controla.

“La magnitud de las pérdidas varía mucho según el cultivo, el sistema de labranza, las condiciones edáficas –de suelos–, climáticas y las especies de malezas”, explicó Bedmar. Por esto, su manejo y control se convirtió en una de las principales preocupaciones de los productores debido a que afecta a la competitividad del cultivo.



Competencia 
De acuerdo con Fernando García Frugoni, coordinador del Proyecto Nacional de Malezas de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA), “en la historia de la producción de alimentos del mundo, las malezas siempre estuvieron presentes y afectaron a los cultivos”.

“El principal problema es que compiten por agua, radiación solar y nutrientes y cuando el cultivo detecta la competencia reduce su tasa de crecimiento y, por lo tanto, afecta a la rentabilidad y genera pérdidas económicas”, advirtió Frugoni y reconoció: “Sin dudas, las tecnologías significaron un salto cualitativo para el control, pero con el paso del tiempo y la no modificación de algunas prácticas, dejaron de funcionar y aparecieron las resistencias”.

En cuanto al costo económico extra, según estimaciones de AACREA se invierten entre 700 y 1.100 millones de dólares al año para el control. “Esto es un gasto extra a la inversión que hace el productor para llevar adelante un cultivo”, expresó Frugoni y aseguró que lo importante es entender “cuánto se deja de ganar en un lote, porque esta es la ecuación que determina la rentabilidad”.

Para evitar el surgimiento de nuevas resistencias, Bedmar consideró fundamental el monitoreo permanente de los lotes y la planificación, para actuar a tiempo y evitar que se agrave el problema. “En muchos lotes, las fallas en el control con herbicidas se deben a las aplicaciones tardías sobre malezas muy desarrolladas”, señaló. Además de conocer la historia de aplicaciones en el lote, es imprescindible “realizar un diagnóstico correcto de las especies de malezas y su estado de desarrollo antes de la aplicación de productos de posemergencia”, explicó Bedmar quien agregó: “De esta manera, se podrá mantener a las poblaciones de malezas en niveles por debajo de umbrales de daño económico”.



Alerta roja
Desde 2010 hasta la fecha, la Red de conocimiento en Malezas resistentes (REM), coordinada por Aapresid, confirmó la resistencia y el alerta rojo de 16 especies de malezas. “Esto significa que, en los últimos años, la presión de selección que se ejerce sobre el lote aceleró los tiempos lo que obliga a los productores a estar informados para tomar decisiones”, expresó Martín Marzetti, gerente de la REM.

Entre las principales malezas resistentes al glifosato detectadas en la Argentina, se encuentran sorgo de alepo (Sorghum halepense), raigrás anual (Lolium multiflorum), raigrás perenne (Lolium perenne), yuyo colorado (Amaranthus quitensis y Amaranthus palmeri), capín (Echinochloa colona), pata de ganso (Eleusine indica), nabon (Raphanus sativus L.), rama negra (Conyza bonariensis) y gramilla mansa (Cynodon hirsutus), entre otras.

Para Marzetti, “es necesario un cambio de mentalidad, dejar atrás viejas recetas porque la repetición de las mismas prácticas a lo largo del tiempo inevitablemente generan presión de selección sobre las malezas”.



No sólo herbicidas
Según los especialistas, el manejo no se limita a la aplicación de herbicidas. Al contrario, su uso indiscriminado derivó en la aparición de resistencia a distintos ingredientes activos. “Con el manejo sistemático de las malezas se busca reducir la emergencia y la capacidad competitiva que tienen con los cultivos y limitar el uso de herbicidas sólo a aquellas situaciones en que sea necesario”, indicó Marzetti.

En los últimos años, el control químico se transformó en el método de intervención más utilizado y eficiente en la lucha contra las malezas, para lo cual es imprescindible contar con información previa y planificar para que el problema no se agrave. En este sentido, los herbicidas demostraron ser buenos complementos para el manejo de malezas.

Aunque los especialistas advierten que el control debe comenzar antes de la siembra del cultivo, para eliminar las emergidas y ‘guachas’ de cultivos anteriores. Para el especialista en control de malezas del Inta Manfredi, Diego Ustarroz, la clave está en recorrer los lotes, identificar las especies y hacer un manejo de sitio específico.

“Conocer la historia del lote permitirá ajustar el manejo de acuerdo con la comunidad de malezas presentes, poniendo énfasis en las de difícil control”. Respecto de los factores que acentúan la problemática, el especialista remarca la escasez de rotación dado el predominio del cultivo de soja, el uso de glifosato en muchos casos como única herramienta de control, la gran superficie agrícola bajo arrendamiento de corta duración y la ausencia de monitoreos en los lotes. “En muchos casos, las fallas en el control con herbicidas se deben a las aplicaciones tardías sobre malezas muy desarrolladas”, explicó Ustarroz quien aseguró: “Esto es común en alquileres tardíos o en lotes cosechados en invierno”.



Rotación
Aunque las estrategias para el control, no se terminan acá. La rotación aparece como otra herramienta de manejo necesaria en esta lucha debido a que “reduce la presión de selección, esto se debe a que el período de crecimiento de un cultivo –fecha de siembra y ciclo–, la acción de los herbicidas selectivos disponibles y la cantidad de residuos remanentes que quedan en el suelo tras la cosecha cambian entre los cultivos”, expresó Ustarroz.

Hoy, queda claro que si no se piensa en un manejo integrado de malezas, no hay solución para las especies resistentes. Porque, según el técnico del Inta Manfredi, “no se puede erradicar una maleza del lote, aunque se puede disminuir su población, y, para eso, es necesario minimizar la producción de semillas mediante diferentes prácticas de manejo”.

Para Ustarroz, “aunque parezca una práctica antigua y superada, la eliminación en forma manual –cuando se encuentran en bajas densidades– es fundamental para evitar la producción de semillas de aquellas plantas que podrían ser resistentes a los herbicidas utilizados”. Aunque, Ustarroz aclaró que “en especies perennes, con órganos de reproducción subterráneos, es más difícil realizar este manejo”. Sin embargo, “se pueden utilizar herbicidas con un modo de acción diferente para evitar que las plantas semillen”.

“A medida que las plantas crecen, las alternativas de control se reducen, los costos de los tratamientos se incrementan e, incluso, se puede favorecer la resistencia”, indicó el técnico de Córdoba. Por esto, es esencial comprender la biología de las malezas y conocer lo que impide su germinación. Asimismo, Ustarroz afirmó que “es importante combinar herbicidas posemergentes con aquellos que tengan acción residual en el suelo, de amplio espectro, y que sean eficaces en el control de malezas problemáticas”.

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