En toda empresa es frecuente encontrar situaciones de desmotivación y deteriorado rendimiento de los RR.HH argumentando que los intereses y motivaciones de quienes se desempeñan en relación de dependencia divergen con los de quien es propietario de los demás recursos económicos. Contra esta idea es necesario emprender una batalla todos los días para unificar la visión y conciliar intereses y hacer más eficiente la gestión de la empresa.-
La empresa agropecuaria, como cualquier otra empresa capitalista, se trata de conjugar distintos tipos de recursos para obtener una renta. De este modo, es necesario encontrar un “punto de equilibrio óptimo” entre el volumen de capital, tierra y trabajo que se vuelcan al servicio de una empresa para, de este modo, reducir costos y ampliar la brecha entre ingresos y egresos. Esta es la concepción economicista por excelencia que, claramente ha quedado atemporal y sin vigencia. En la actualidad, el concepto que más se utiliza a la hora de “pensar” una empresa es el que pone al Recurso Rumano por sobre el resto y en un lugar privilegiado para la producción, intentando alinear intereses para generar otro tipo de estímulos que vinculen a quienes se desempañan en una empresa tal y como si fueran propietarios de la misma. En la jerga de los negocios se dice frecuentemente que es imprescindible “visionar” a quienes trabajan en un equipo generando sinergias y alineando su accionar para promover un desempeño de alto rendimiento y con un compromiso que estimule el desarrollo, no solo productivo, sino de ideas y criterios. El desarrollo de la empresa debe ir unido al de quienes componen el equipo para que estos sientan que su trabajo también los enriquece. Se genera una “reciprocidad” entre la empresa y el desarrollo individual.-
Esto se logra, claro, con una labor diaria y permanente, estimulando la generación de ideas innovadoras en el desarrollo de procesos de trabajo a través de un mayor compromiso. Consensuar objetivos concretos de acuerdo a las posibilidades reales del equipo sin dejar de ver, al final de la tarea, la visión –que debe ser compartida- como un estado ideal y hasta inalcanzable, pero que motoriza el desempeño a largo plazo.-
Muchas veces el manejo de la empresa agropecuaria se hace de un modo unilateral generando una mirada polarizada donde los “empleados” comparten con el “patrón” solamente el lugar de trabajo. De este modo, se llega a situaciones de “pseudoenfrentamiento” por recursos económicos que se disputan, donde los salarios son un costo para quien los paga y el trabajo un lastre para quien lo realiza. La divergencia de intereses va desgastando poco a poco la relación, que se vuelve acartonada y un mero contrato donde cada uno quiere su “parte” disputándose recursos y desgastando poco a poco el potencial productivo.-
De esto se sale consensuando objetivos, convenciendo a todo el equipo acerca de la conveniencia de coordinar su labor pero, sobretodo, motivando a todos a “pensar” la empresa como propia, estableciendo una ética común fundada en valores compartidos. Para esto es necesario “visionar” al equipo, participándolo en el establecimiento de los objetivos y valores y dando lugar a una discusión sana, donde quienes “conocen el paño” participen estableciendo objetivos concretos que incluyan los intereses de todos. El mejor resultado posible es el que beneficia a todos, no solo al patrón, y esto se logra con esfuerzo y dedicación, sin egoísmo ni “angurria”. No es sencillo ni se logra de un día para el otro, pero es posible a partir de una mirada más amplia del trabajo. El líder de la empresa tiene el difícil trabajo de conseguir que todos “miren para el mismo lado” para que la caminata sea coordinada y no halla rezagados que generen malestar y no aporten al fin último de la empresa: mejorar su performance económica y ganar más dinero.-
JUAN IGNACIO LOZANO
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios
Ideas&Economía
e-mail: ideasyeconomia@gmail.com
Twitter: @ideasyeconomia

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