martes, 5 de junio de 2012

La culpa no es del chancho



El anuncio del levantamiento de las restricciones por parte de la Argentina a la importación de carne porcina procedente del Brasil quedó sin efecto a tres días de haber sido formulado, ya que según los productores del país vecino “continúan las trabas”.
Las trabas a las importaciones de carne de cerdo del Brasil representan uno de los hechos destacados de las restricciones mutuas en el comercio bilateral, ya que además hay denuncias de la existencia de camiones varados en la localidad misionera de Bernardo de Irigoyen, ante el bloqueo del país vecino al ingreso de frutas y cebollas argentinas.
“No debieron haber anunciado lo que no existe, creando una falsa expectativa. Vamos a aguardar con cautela”, señaló el presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Productora y Exportadora de Carne Porcina (ABICEPS), Pedro de Camargo Neto, en referencia a la supuesta solución del problema anunciada el martes pasado por el ministro de Agricultura de su país, Mendes Ribeiro, en base a una información que le transmitió la Embajada argentina.
El empresario agregó a la agencia brasileña Estado que “las autorizaciones que son liberadas lo son en cuentagotas y no se sabe dentro de qué criterio”.
“No sabemos exactamente lo que el Gobierno del Brasil combinó con el de la Argentina, pero lo que existe hasta ahora no puede ser llamado liberación del comercio”, indicó.
Por otra parte, cerca de 200 camiones están varados en Bernardo de Irigoyen, ante la imposibilidad del puesto aduanero de la ciudad brasileña fronteriza de Dionisio Cerqueira de procesar toda la mercadería, sometida a controles fitosanitarios que retrasan su ingreso.
A las demoras derivadas de los controles y la escasa capacidad operativa de la aduana de la localidad brasileña, se suma que el fin de semana largo postergará para el lunes la atención de los camiones del lado argentino.
Si bien la relación comercial bilateral nunca estuvo libre de conflictos, los problemas comenzaron a agravarse a partir de febrero, cuando la Argentina puso en práctica las declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI), que determinó una caída de las importaciones del Brasil del 27 por ciento en abril.
Como represalia, el Gobierno de Dilma Rousseff reflotó en abril las licencias no automáticas, que en los hechos actúan como una barrera al comercio a partir de las demoras en la autorización de las operaciones.
Desde entonces, surgieron problemas para la exportación al Brasil de una serie de productos, como pasas de uva, harina de trigo, manzanas, peras, aceitunas, merluza, leche en polvo, papas congeladas y vinos.
En sentido inverso, Brasil tiene dificultades para el ingreso a la Argentina, además de cerdos y derivados, de calzado, automotores, autopartes y bienes de capital.

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