martes, 28 de junio de 2016

La irracionalidad argentina: carne, soja y ahora el 10


La irracionalidad que muestra la Argentina en su historia económica no tiene comparación con otro país del planeta. La abundancia de recursos pareciera ser más un castigo que una bendición. La carne, en la última década la soja y Vaca Muerta, el litio y la minería en general no pudieron hacer que la Argentina esté […]
La irracionalidad que muestra la Argentina en su historia económica no tiene comparación con otro país del planeta. La abundancia de recursos pareciera ser más un castigo que una bendición. La carne, en la última década la soja y Vaca Muerta, el litio y la minería en general no pudieron hacer que la Argentina esté entre las principales 20 economías del mundo. Por si fuera poco, en el auge de las energías alternativas, hay una región del planeta que está en el segundo lugar con los mejores vientos para la generación de la energía eólica. Y sí: esa región está en la Argentina.
Pero esa superabundancia de recursos es la contracara de una de las peores performances económicas del siglo XX. No se entiende cómo un país que atravesó por una hiperinflación hace 27 años aún siga teniendo inflación elevada. Fue en junio de 1989 cuando la variación mensual de precios fue del 196,6%. Pero aun a pesar de ello, no se aprendió. Desde 2007 la Argentina tiene alta inflación. Y para combatirla directamente se optó por otra creatividad argentina, la de intervenir el organismo que medía las variaciones de precios. La moneda argentina, violada y ultrajada tantas veces, pasó en sólo 50 años de peso moneda nacional, peso Ley 18.188, peso argentino, australes y ahora simplemente el peso. Se eliminaron trece ceros de la moneda inicial. De no ser así, el pasaje en colectivo en CABA hoy costaría 60.000.000.000.000 de pesos moneda nacional (sesenta billones). La misma historia puede narrarse con las cesaciones de pagos o defaults en la Argentina con el récord mundial establecido en diciembre de 2001 y aplaudido por la mayoría de los legisladores en el Congreso.
Y a esa irracionalidad económica no escapan los recursos del país. La carne argentina siempre tuvo su marca mundial de calidad y por ende, fue fuente de generación de divisas para el país. En el “iluminismo” de Guillermo Moreno se puso control de precios, trabas a la exportación y ello derivó en que en 2013 hubiera un 40% menos de stock ganadero que lo que había habido diez años antes. Los argentinos terminamos pagando más por la carne. Y Uruguay superó a la Argentina en exportaciones. La irracionalidad impactó también en otro recurso, la soja. Basta recordar el alzamiento del campo en 2008 por las retenciones móviles. El control de precios de la energía le pegó a otro de los recursos del país, el viento. Y la irracionalidad argentina con su dotación de recursos ahora se trasladó al fútbol. Se tiene la bendición de contar con Lionel Messi.

En la Argentina no se le dio el tratamiento que requería con hormonas de crecimiento. No detectaron, a sus 13 años, el talento en ciernes. Migró a Barcelona. España estuvo a punto de ficharlo antes de que debutara en un seleccionado juvenil argentino. Sufrió el domingo más que ningún argentino por no haber logrado quedarse con la Copa América Centenario. Ya había sufrido en Maracaibo (2007), Río de Janeiro (2014) y Santiago, Chile (2015). La única diferencia fue que el domingo las lágrimas se vieron por TV; antes quedaron en el vestuario. Se le exige ganar aquí como en Barcelona. Otra irracionalidad. Técnicos y compañeros son diferentes.

Nadie en Portugal le endilga a Cristiano Ronaldo que gana todos los títulos con el Real Madrid y no con el seleccionado de su país. En lugar de aprovechar la bendición de contar con ese recurso escaso, el talento futbolístico, se lo destruye. Se habla de renuncias masivas ahora. Como la soja, la carne y el viento, el país no sólo no aprovecha sus recursos. Los hace desaparecer. Penoso,sin dudas

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