martes, 28 de junio de 2016

El glifosato contra las cuerdas


Por las malezas resistentes, tendría los dias contados
Desde su creación en Estados Unidos en la década del setenta, el glifosato se posicionó como una de las herramientas más efectivas para el control de las malezas en los cultivos. Sin embargo, en los últimos 25 años, tanto en la Argentina como en otros países se viene reportando un número creciente de casos de resistencias a herbicidas. En muchas ocasiones, los productores responden aumentando las dosis, lo cual potencia el problema. En medio de este círculo vicioso resulta evidente la necesidad de implementar manejos sustentables y racionales. ¿Llegará a su fin el reinado del glifosato?
Martín Vila Aiub, docente de la cátedra de Ecología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), investiga desde hace años las distintas maneras que tienen las plantas para defenderse del glifosato. En particular, él y su grupo están interesados en saber por qué las malezas desarrollaron resistencia y sobreviven a este herbicida, y cuáles son las posibles consecuencias. “Las malezas son plantas no deseadas que reducen el rendimiento de los cultivos; por eso debemos controlarlas. Durante casi 25 años, el glifosato fue un herbicida eficaz en todo el mundo dado que es barato, que controla un abanico amplio de especies y que su impacto negativo sobre el ambiente es bajo. Pero hoy, esa eficacia disminuyó con la aparición de malezas resistentes”.
Vila Aiub le comentó al sitio de divulgación científica Sobre La Tierra que en nuestro país, el proceso de resistencia al glifosato, y a los herbicidas en general, es relativamente reciente en comparación con otros países. Su origen se puede rastrear hasta 1996, cuando se introdujeron los cultivos transgénicos. En particular, la nueva soja RR poseía entre sus genes uno que la hacía resistente al glifosato. Eso disparó un cambio clave en el manejo de la agricultura: con ese herbicida se podían controlar todas la malezas dentro y fuera del cultivo. El problema es que año tras año, la aplicación constante de cantidades muy altas de glifosato no hizo más que seleccionar a las malezas más resistentes.


Malezas en la barricada
¿Qué sucedió para que el glifosato pasara de ser una herramienta altamente eficaz a generador de resistencia en malezas? “Las plantas son naturalmente susceptibles a los herbicidas ya que no poseen defensas específicas —puntualizó Martín Vila—. Lo que sucede es que algunas sufrieron ciertas mutaciones en el ADN, que determinaron que el glifosato pierda su efectividad al ingresar a la planta. Además de conferirle a las malezas la capacidad de resistir al herbicida, esos cambios genéticos se transmitieron de una generación a otra”.
Martín, quien también es investigador del CONICET, comentó que las malezas se defienden del glifosato de tres maneras diferentes.
  • Almacenaje “seguro” en las hojas. El glifosato es muy móvil dentro de la planta: en menos de un día puede llegar desde las hojas hasta las raíces. El origen de este mecanismo de defensa está en una mutación que provoca que cuando el herbicida ingresa a las hojas, queda “almacenado” en una parte de las células donde no puede ejercer su acción. Este mecanismo es el más frecuente en las plantas resistentes (ej., el sorgo de alepo).
  • Efecto esponja. En toda planta susceptible, el glifosato ingresa a las células, reconoce una proteína clave para el crecimiento, la inhibe y el organismo muere. En las malezas resistentes, una mutación estimula la producción de grandes cantidades de esa proteína. El efecto letal del herbicida termina diluyéndose dado que no alcanza a neutralizar semejante exceso.
  • Llave-cerradura. Por efecto de otra mutación, esa misma proteína promotora del crecimiento cambia de forma. Figurativamente, si la proteína fuera una cerradura y el glifosato la llave, al modificarse la cerradura, la llave pierde su capacidad de acción. Así, la planta se torna resistente y continúa funcionando.

Implicancias agronómicas
La aparición de malezas resistentes es un problema para productores y técnicos, con aristas que incluyen cuestiones prácticas y económicas. Así se lo indicó Vila Aiub a SLT: “Algo que vemos habitualmente a campo es que los productores están aumentando las dosis de glifosato para combatir a las malezas resistentes. Lamentablemente, de esta manera sólo magnifican el problema: la resistencia se manifiesta con más fuerza”.
Según el investigador, otro fenómeno que ocurre a escala mundial es que los productores bajan las dosis de glifosato para reducir sus costos. El supuesto es que aun aplicando dosis subóptimas, el control de malezas sigue siendo aceptable y no se genera resistencia. Sin embargo, para ciertas especies y determinados herbicidas ya se han documentado casos de resistencia por empleo de subdosis. “En esas situaciones no hay opción, la resistencia aparece por ambos lados. Por eso, siempre se debe respetar la dosis que recomienda el fabricante del herbicida. Y si sabemos que con esa dosis generaremos resistencia, entonces lo que hay que hacer es usarlo de forma racional: lo menos frecuentemente posible. Así prolongaremos la vida útil del herbicida y disminuiremos la probabilidad de tener resistencia”.
“Al verificar la aparición de malezas resistentes al glifosato, muchos productores comenzaron a usar otros herbicidas, y eso necesariamente elevó los costos de producción”, sostuvo Vila Aiub, para quien el problema debería ser considerado como una oportunidad para implementar herramientas alternativas de control más allá de las químicas. “Tarde o temprano, la vida útil de cualquier herbicida, incluyendo obviamente al glifosato, llegará a su fin por la generación de resistencia”.
“A mí me gusta un dicho que tienen los australianos: cuando existe una herramienta muy eficaz para muchas cosas, hay que tratar de usarla lo menos posible. Esto se aplica perfectamente al glifosato. Es una herramienta muy buena para el control de malezas, pero si se la usa todo el tiempo, en algún momento va a fallar. Hoy, los productores argentinos se están dando cuenta de que no es infalible y que pueden llegar a perderlo como herramienta de control en sus sistemas productivos. Me agrada ver que existe una mayor conciencia en cuanto a que los herbicidas no van a durar para siempre y que hay que usarlos racionalmente”, sostuvo Martín. (Prensa Fauba)

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