viernes, 28 de noviembre de 2014

Termografía en avicultura de carne


La cámara termográfica detecta los rayos infrarrojos por encima de 0º Kelvin y los convierte en impulsos eléctricos que visualizamos en forma de “fotografía termográfica”

Llega el invierno y todos salimos de casa con la bufanda puesta. ¿Y qué ocurre en nuestras granjas de pollos? Que en cuanto llega el frío, una de las mayores preocupaciones de nuestros avicultores (la única en algunas granjas) se podría resumir en: cómo reducir el gasto en calefacción.
El veterinario responsable de la explotación también se preocupa de eso, pero con condicionantes: mantener en óptimas condiciones el estado de las camas, la calidad de la canal, el bienestar animal, la salud de las aves, y todo esto, con el mínimo coste de producción posible.
Una herramienta que puede ser muy útil para mejorar nuestras explotaciones en invierno es la cámara termográfica, la cual detecta los rayos infrarrojos que emite cualquier objeto por encima de 0º Kelvin /273ºC), y los convierte en impulsos eléctricos que visualizamos en forma de “fotografía termográfica”.
Las aplicaciones que puede tener en nuestras explotaciones son múltiples por la gran variedad de análisis que podemos hacer, y factores que podemos controlar. Con respecto a la estructura de las naves, nos permite localizar zonas de la granja que por su baja  capacidad aislante ocasionan grandes fugas de calor. (Puentes térmicos. Ver imagen).
Todo lo que perdemos hacia el exterior es dinero que tiramos a la basura (o regalamos a las compañías petrolíferas). Además, sirve para valorar el deterioro de la capacidad aislante de los materiales constructivos ayudándonos a la hora de decidir cuál es la reforma más urgente. Toda mejora que realicemos en el aislamiento de nuestras granjas se amortiza rápidamente, tanto por el ahorro de combustible, como por la mejoría en los resultados zootécnicos y calidad del pollo.
En el manejo diario, la termografía nos ayuda a localizar zonas de condensación que inciden directamente en el estado de las camas. Sabiendo la temperatura exterior y la temperatura y humedad relativa interior, podemos detectar las diferentes zonas de condensación de una nave. A veces nos llevamos sorpresas como que la propia yacija sea una zona de condensación, con los graves problemas que eso supone. Una zona que siempre genera conflictos de este tipo es la entrada de agua a la nave, llegando incluso a generarse condensación en la propia línea de tetinas, mojando la cama debajo de la misma.
“En el manejo diario, la termografía nos ayuda a localizar zonas de condensación que inciden directamente en el estado de las camas”
En cuanto al arranque de pollito, la guerra habitual suele estar en el precalentamiento de la nave. Para nosotros los técnicos, siempre es insuficiente; para el avicultor, siempre es tirar el dinero. Con la cámara las dudas se despejan: al llegar a una explotación con problemas, se cogen dos pollitos, uno cerca y otro lejos de la calefacción, y la imagen que ofrece la cámara termográfica es la que se puede ver en la imagen 1 .
Evidentemente por más que la temperatura ambiente esté correcta, las condiciones ambientales de esa explotación no lo están. En este caso, una gran heterogeneidad en la temperatura de la cama, con zonas muy frías, hace que un gran número de animales sufran hipotermia; y lo que mal empieza, mal acaba. El lote se desiguala, no se llega al peso óptimo, problemas de patología… Pero en el ordenador, ¡la temperatura era correcta!

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Imagen 1. Se han cogido dos pollitos, uno cerca y otro lejos de la calefacción, y este es el resultado que ofrece la cámara termográfica.

Como se puede apreciar en la imagen 2, los pollitos se amontonan buscando temperatura y se aprecian zonas de baja temperatura en la cama. Para valorar la temperatura de la cama, podemos usar las sondas de las naves, termómetros laser… pero en todos los casos, la medición que obtenemos es de un solo punto de la nave, a no ser que hagamos cientos de mediciones. Con una termografía, sin embargo, los datos son zonales, y en una fotografía los puntos de temperatura que se toman son miles.

ES MUY IMPORTANTE QUE EL POLLO LLEGUÉ CON VITALIDAD A LA GRANJA Y QUE LAS CONDICIONES QUE ALLÍ SE ENCUENTRE SEAN ÓPTIMAS PARA QUE EMPIECE A COMER Y BEBER LO ANTES POSIBLE.
A veces es un problema de precalentamiento o de temperatura de arranque, pero otras veces el problema puede venir por la cantidad suficiente o insuficiente de yacija. La cama es un aislante más, y teniendo en cuenta que la temperatura de la tierra en profundidad es de 15º C, necesitamos aislar a nuestros pollos del suelo. A mayor cantidad de cama, mayor aislamiento, mejor temperatura en la superficie y menor coste de calefacción (no olvidemos que por ahí también perdemos calorías).
También se pueden comparar las diferencias en capacidad aislante de distintos tipos de yacijas, para tenerlo en cuenta a la hora de elegir una u otra. En las explotaciones con suelo radiante, por el contrario, la cama debe de ser escasa para que el calor llegue más fácilmente arriba.
Por otro lado, también podemos analizar la temperatura de los pollitos a la llegada a la granja para valorar la temperatura y la homogeneidad de la misma en el camión de transporte. Es muy importante que el pollo llegue con vitalidad y que las condiciones que allí se encuentre sean óptimas para que empiece a comer y beber lo antes posible.

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Imagen 2. Los pollitos se amontonan buscando una temperatura adecuada.

La termografía también nos puede ayudar a la hora de corregir defectos en la ventilación de una granja. Con ella podemos detectar entradas parásitas de aire que pueden provocar grandes zonas de condensación en la yacija, y que, si son a la altura del suelo, generan corrientes de aire frío bajando muchísimo la sensación de temperatura de los animales y provocando graves problemas de arranque.
Hoy en día las granjas de pollos funcionan, cuando hablamos de ventilación, con arreglo a parámetros de depresión de aire, o lo que es lo mismo, velocidad de entrada de aire.
Tener una explotación completamente hermética es completamente imposible, pero cuantas más entradas parásitas de aire tengamos, más difícil será calcular la correcta apertura de ventana que necesitamos para conseguir una buena ventilación en la nave. La termografía también se puede aplicar en la sala de incubación (temperatura de la cáscara, homogeneidad de temperatura en los carros, almacén de huevos…) y en cualquier instalación como herramienta de mantenimiento: inspección eléctrica (calentamiento de motores, red eléctrica, etc) o localización de fugas de agua.
El uso de la termografía, especialmente en invierno, nos puede ayudar mucho en el día a día tanto en la mejora de instalaciones como en el manejo de las mismas.

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