Diferenciarse de la competencia en el mercado de los champiñones no es fácil. "Los champiñones blancos no han cambiado, y se siguen vendiendo en la misma tarrina azul desde hace 30 años. Por eso, cambiar el envase es una oportunidad de diferenciarse", afirma Gert Kolkman, de Kolkman Verpakkingen, que fabrica envases en Hedel, Países Bajos. "Con los avances en los que estamos trabajando, podemos ofrecer a nuestros clientes un valor añadido. Nuestro objetivo es que estos puedan diferenciarse, en lugar de centrarnos en el volumen, que acabará llegando de todos modos".
Kolkman Verpakkingen parte de la idea de que el cliente es lo más importante, por lo que hay que colaborar de forma abierta y sincera. "Puede que no seamos un jugador muy grande, pero gozamos de mucha flexibilidad y escuchamos a nuestros clientes. Además, gracias a nuestra capacidad y a que fabricamos nuestros propios moldes, entre otros motivos, podemos abastecer tanto a las empresas grandes como a las pequeñas", explica.

Kolkman cuenta con una media de 24 empleados y es toda una empresa familiar, ya que, cuando su fundador, Jan Kolkman, se jubiló hace dos años, sus hijos Jan Junior, Nico y Gert se hicieron cargo de los departamentos de planificación, técnico y comercial, respectivamente. "Ofrecemos nuestros envases a toda Europa, desde Países Bajos, Bélgica y Francia hasta Lituania, Polonia y Grecia. En los últimos años, hemos aumentado nuestra actividad especialmente en los mercados más alejados. Por otra parte, también vendemos maquinaria a nuestros clientes, aunque no las fabricamos nosotros", añade.
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