martes, 2 de mayo de 2017

Ecuador: El chocolate le da un valor agregado a Mindo


José Meza, un ecuatoriano que vivió desde los 13 años en Estados Unidos y hoy tiene un poco más de 60, lo único que quiso es tener un sitio tranquilo dónde disfrutar de su jubilación. Al llegar a Mindo se enamoró y se dio cuenta de que el cacao que se producía en sus alrededores era de buena calidad y por lo tanto aprovechable.
En sus idas y regresos a Ecuador compró tierra para construir su sitio de descanso, que terminó siendo un restaurante y un laboratorio de producción de cacao en barra, por donde los turistas realizan un breve recorrido para conocer el proceso necesario para convertir la mazorca en el apetecido manjar.
Se trata de ‘El Quetzal: la ruta del cacao’, que recibe a diario a viajantes extranjeros, quienes, además de disfrutar de la gastronomía acompañada o aderezada con chocolate, salen del sitio conociendo el proceso desde el acopio del cacao, hasta el producto terminado.
Un complemento
Mindo está a 101 km de Quito y el viaje se realiza por la vía Calacalí-Nanegalito-La Independencia, en aproximadamente dos horas. Al llegar hay que bordear el parque principal y tomar la calle que tiene un letrero que dice: ‘camino al río’, y a una cuadra aproximadamente está El Quetzal, un sitio que a simple vista no es de lujo y que quien no sepa a dónde va no se interesaría por entrar.
Quienes se dirigen para este lugar saben que van a conocer la historia y el proceso del cacao, a degustar de una infinidad de comida típica preparada con alimentos que se dan en la misma zona y a comprar productos hechos con el cacao y todos sus derivados, porque nadie sale del lugar con al menos uno de estos, en cuyas etiquetas se describe el origen: ‘Hecho en Mindo-Ecuador’.
Este punto es una interesante parada que hace el visitante que disfruta del bosque húmedo, los ríos, las cascadas, las aves, los reptiles y la aventura.
La ruta del cacao es guiada por conocedores del producto, pero en esta oportunidad fue el mismo José Meza quien se puso al frente del tour.
 Maravilloso recorrido
Lo primero es conocer el árbol de cacao y su mazorca que tiene unas pequeñísimas flores sobre los troncos, muy parecida a una orquídea, de donde crece el fruto. “Quien poliniza la planta es un insecto que sale de la tierra”, indica.
Al continuar con un corto sendero de tierra, que permite disfrutar de piñas, hierba luisa y otras plantas propias del lugar, se llega al laboratorio, un espacio rústico levantado con cañas y plástico, donde se fermenta el cacao a una temperatura de 45ºC y luego se secan al natural sobre unas camas que tienen fondos con agujeros. Todo este proceso lleva unas tres semanas, indica el gestor de esta ruta.
La siguiente parada es el rincón en el cual se tuesta y tritura el cacao y se separa la cáscara de la materia prima. Gabriel Heredia es el responsable de que todo salga bien mientras va trabajando. Hay una especie de tambor donde se tuesta, una máquina en la que se tritura suavemente y una especie de canal y tamiz donde el cacao partido se coloca para con la ayuda de un ventilador separar la cáscara. “Todos los procesos se efectúan en maquinas artesanales hechas en Ecuador”, enfatiza Meza.
El cacao triturado y limpio es llevado al cuarto caliente, donde se lo convierte en pasta rústica, se le saca los malos olores y sabores para luego terminar en el cuarto frío y se observa que el chocolate es derretido a baño María para después manipularlo en lo que llaman temple, sobre una mesa de mármol para bajar la temperatura a unos 30ºC, colocarlo en moldes, refrigerarlos por 20 minutos y dejarlos libres por aproximadamente 48 horas para eliminar toda la humedad. Es aquí donde se añade al café trozos de ají, de café, de jengibre, de macadamia… que le dan un valor agregado con exquisito sabor.

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