domingo, 28 de febrero de 2021

Sí al combustible verde



CompartiremailFacebookTwitterAnte los últimos aumentos del precio de los combustibles es necesario conocer un proyecto de bio – combustibles que ha sido descuidado por los gobiernos y que no solo representa un incremento en la producción de soja y de maíz para darle valor agregado sino también porque significa amigarnos con el medio ambiente y el […]


Ante los últimos aumentos del precio de los combustibles es necesario conocer un proyecto de bio – combustibles que ha sido descuidado por los gobiernos y que no solo representa un incremento en la producción de soja y de maíz para darle valor agregado sino también porque significa amigarnos con el medio ambiente y el inicio a la tendencia mundial beneficiando el consumo de energías limpias. En los años 80, Argentina y Brasil lanzaron planes para introducir alcohol para su uso en vehículos, nuestro país instrumentó el plan “alconafta” que al poco tiempo abandonó; en cambio Brasil lo adoptó como política de Estado y actualmente es la mayor potencia mundial en producción y uso de combustibles renovables para automotores.

Los biocombustibles renacieron en la Argentina en 2006 con la Ley 26.093, con la que nuestro Congreso sancionó el régimen de regulación y promoción para la producción y uso sustentable de biocombustibles, esta disposición busco remediar cuatro problemas que, si se hubiera continuado con el proyecto original, ya estarían solucionados, y ellos fueron:

a) una matriz de combustibles líquidos muy dependiente de los fósiles contaminantes,

b) la perdida de divisas que generaba y sigue generando por importaciones de combustibles,

c) el inicio de la lucha contra el cambio climático,

d) especialmente para combatir la emisión de gases de efecto invernadero.

El éxito de esta norma se materializó con inversiones cercanas a los 3.000 millones de dólares, potenciando el desarrollo de las economías regionales con industrias sustentables, evitando enviar a la atmosfera millones de toneladas de dióxido de carbono (también conocido como anhídrido carbónico), dándole valor agregado en el lugar de producción, obteniendo subproductos como la proteína de maíz para alimentación animal (burlanda), glicerina, energía eléctrica renovable y fertilizantes, entre otros, también mejoraríamos el aire que respiramos y contribuiríamos a que la Argentina cumpla con los acuerdos climáticos de Paris.

La Ley 26.093, actualmente vigente, permitió que la mezcla de gasoil con biodiésel producido con aceite de soja llegue hoy al 10% y la de bioetanol con nafta al 12%, constituyendo un paso fundamental del compromiso de reducir las emisiones contaminantes.



Esta ley vence en mayo de 2021y por la inacción del Gobierno y el ataque sistemático de los refinadores de petróleo, que quieren frenar su desarrollo, las industrias verdes corren serios riesgos de desaparecer. Y lo están logrando a contrario sensu de lo que sucede en el resto del mundo, en Argentina se le exige al sector de los combustibles verdes que financie a la industria contaminante mediante un precio que está muy por debajo del de paridad de importación y de sus costos de producción. Las empresas pequeñas y medianas que producen biodiesel están cerrando sus puertas y despidiendo a los trabajadores. Una situación similar vive el mundo del bioetanol: después de 10 meses de congelamiento del precio, contrario a toda la regulación existente, con un aumento del 35% en el valor de su materia prima desde enero de 2020, el Gobierno anuncia solo una actualización del 10%, un número que deja a la industria al borde del mismo abismo en el que estaba antes.

La suba del precio no compensa siquiera el aumento de la cotización del maíz (con el que se produce etanol) de las últimas semanas.

Las refinadoras de petróleo en vez de asustarse y atacar a las energías limpias tratando de confundir a los consumidores y a los gobiernos, deberían incorporar a su vocabulario palabras como cambio climático, solidaridad intergeneracional, cooperación, sustentabilidad, análisis sistémico, economía circular, atomización de oferta y bioeconomía, estas no pueden seguir comportándose como si nuestros hijos y nietos no tuviesen derecho a la vida.

Sin ir más lejos, la enorme mayoría de países europeos planean la prohibición de coches que funcionen con diésel o nafta antes del 2040; también el estado de California decretó que para 2035 solo se venderán vehículos que no contaminen, ejemplos que sirven para tomar conciencia de la revolución ecológica que tenemos que encarar..

No debemos equivocarnos en la dirección que debemos tomar al utilizar y potenciar las fuentes de energías primarias, podemos multiplicar el uso de biocombustibles, países como Brasil, Bolivia y Paraguay ya lo hicieron, tenemos las tierras suficientes sin descuidar otros cultivos, el compromiso es buscar normas que le permitan a nuestro país modernizar su sistema regulatorio, abrir el sector a una mayor competencia, terminar con las importaciones de combustibles fósiles y apostar a la agro-industria para que sea más eficiente y competitiva de lo que ya lo es.

La utilización de energías renovables es la tendencia; los vehículos que funcionan con electricidad son la otra opción.

Si decidimos potenciar el consumo eléctrico significará cambiar los procesos de fabricación de nuestra industria automotriz y adaptar los abastecimientos eléctricos a las necesidades de un país con grandes distancias, con altos costos.

Pero lo más económico para realizar la reconversión de nuestros vehículos y fábricas es la utilización de bio-combustibles, que no requieren cambios de fondo para realizar su producción. Si tenemos claro hacia dónde va el mundo y cuáles son las ventajas comparativas y competitivas de que disponemos, acompañadas de una férrea voluntad política, esta es una oportunidad de desarrollo que no debemos dejar pasar como ya lo hicimos con el plan “alconafta”.

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