viernes, 30 de junio de 2017

Rabia del garbanzo: “Con un octubre llovedor, estamos a la puerta de un desastre”


En el Encuentro de Monitoreo hubo un taller sobre esta legumbre. Uno de los técnicos señaló que no se toma real conciencia del riesgo que provoca la eventual proliferación de esta enfermedad.
A nivel mundial, se consumen cada año unas once millones de toneladas de garbanzo, diez del tipo Desi y un millón del tipo Kabuli, esta última, especie de la que Argentina es uno de los principales productores y exportadores mundiales.
El centro-norte de Córdoba es la principal zona productora de esta legumbre que viene creciendo a pasos agigantados –la última campaña fue récord y en la actual le quitará hectáreas al trigo– pero de repente ha saltado una alerta a la que, según especialistas, hay que prestarle más atención.
En octubre del año pasado, un informe del Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) sobre un brote de “rabia”, una enfermedad causada por el hongo Ascochyta y que es letal para los cultivos.

Los perjuicios que este mal puede causar en la producción son totales y, por eso, en el 13° Encuentro Nacional de Monitoreo y Control de Plagas, Malezas y Enfermedades, el garbanzo tuvo un capítulo especial, en el que el asesor privado de Incrementar Consultoría Agropecuaria, Adrián Poletti, dio recomendaciones de manejo para evitar su proliferación.

Riesgos
En diálogo con Agrovoz, Poletti remarcó que le causó “pavor” datos relevados por el Instituto de Patología Vegetal (Ipave) del Inta junto a la FCA-UNC sobre que el 50 por ciento de las semillas de garbanzo analizadas tenían presencia de rabia.
“Me quedé helado. Si llegamos a tener un octubre llovedor, estamos a la puerta de un desastre si no se toma conciencia de la gravedad del problema”, advirtió el especialista.
Y agregó: “No hay otra enfermedad que ataque otro cultivo con semejante nivel de agresividad. Acá no estamos hablando de que se pierde un 10 por ciento por calidad, se pierde el cultivo directamente”.
“Yo siempre digo que el único oso que te mata es el que no ves venir; bueno, esto es un oso, un oso complicado, pero si lo ves venir, te ponés a resguardo o lo enfrentás. El problema es cuando no lo ves; te come. En este momento, estamos entrando en tierra de osos”, metaforizó Poletti.

Recomendaciones
Según el asesor, un aspecto importante a tener en cuenta es que hay ciertas condiciones de tipo ambiental o de manejo que pueden potenciar la aparición de la enfermedad, que sea más virulenta o tenga mayor incidencia de acción.
La primera recomendación es comprar semilla de buena calidad y libre de rabia. “Es al principio lo más caro pero a la larga lo más barato para evitar problemas”, evaluó.
El segundo aspecto, tener cuidado con los tiempos de rotación: sugirió que deben pasar al menos dos campañas para volver a sembrar garbanzo.
Otro factor clave, es elegir bien los herbicidas, porque “los de tipo ALS predisponen a una velocidad mayor de aparición de la rabia”.
Un cuarto elemento, es tener cuidado con la calidad de la pulverización. “No sirve de nada tener los mejores fungicidas, si el pulverizador trabaja mal; si tengo derivas o si no llega a la base del cultivo. Repito, no es que el cultivo puede rendir menos, acá es la diferencia entre tenerlo y no tenerlo”. Por eso consideró esencial un uso eficiente de fungicidas aplicados en el momento correcto y contar con un equipo de aspersión calibrado para cada aplicación.

Pérdidas
Para Poletti, la mejor forma de darse cuenta la crítica situación en que puede entrar la producción garbancera ante una epidemia de rabia es contabilizar las pérdidas económicas.
“El productor es el primero que tiene el impacto porque no cosecha y enterró 500 dólares por hectárea. Pero también hay impacto en toda la cadena: las inversiones en plantas de procesamiento que se verían afectadas al no tener el volumen esperado y todo el trabajo realizado para posicionar el garbanzo argentino a nivel internacional”, precisó Poletti.
El técnico hizo una cuenta rápida que es bastante elocuente: esta campaña cerrará con unas 155 mil toneladas exportadas por Argentina, de las cuales Córdoba participa con unas 100 mil. “Son 70 millones de dólares que dejarían de entrar a los productores del centro-norte de Córdoba si la rabia avanzar sobre toda la producción”, calculó.

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