martes, 17 de abril de 2012

Mucho ruido y pocas nueces


El anuncio efectuado por la Sra. Presidente de la Nación sobre una rebaja de los derechos de exportación, comúnmente denominadas retenciones, se inscribe en la modalidad propia a su estilo de gobierno, al que pudiéramos destacar como “mucho ruido y pocas nueces”.
En efecto, se anunció una rebaja temporal de un año del 15 al 5 % para las carnes termoprocesadas que significan el 7% del total de carnes que se exporta, ello es sin duda demostrativo del muy relativo impacto que la misma tendrá en una industria que tiene cierres de 120 plantas sobre 550 existentes y la suspensión de turnos de manera permanente, con pérdidas de empleo que ascienden en la industria a los 12.500 trabajadores y en el sector primario a unos 10.000 empleos, pese al festejante grupo que acompañó los anuncios presidenciales.
Significativo también resulta el hecho que al mismo tiempo que se rebajan derechos para favorecer a las carnes termoprocesadas, tal como la propia Presidente expuso, el eslabón menos importante de la producción (vacas viejas) en sus palabras, se demora la adjudicación de la Cuota Hilton, que incluye los cortes de mayor calidad y mejor cotización. Por 5 años consecutivos seguimos sin cumplir dicha cuota acumulando una pérdida de más de  30.000 toneladas sin poder vender en el quinquenio, agravio, que sin duda perjudica a  toda la actividad cárnica,  a los productores, a los frigoríficos y a sus trabajadores.
Sin embargo la medida adoptada por el Gobierno tiene un costado que entendemos debe ser observado como positivo, toda vez que después de mucho tiempo el propio Gobierno es quien reconoce los efectos perniciosos de los derechos de exportación y entiende que la rebaja de los mismos es la única alternativa cierta para el funcionamiento en condiciones de competitividad de los frigoríficos exportadores. Aunque tardío, el reconocimiento no hace más que sustentar las posiciones doctrinarias sostenidas por Confederaciones Rurales Argentinas frente a las retenciones, sindicando los efectos distorsivos, inequitativos y perjudiciales para el normal desenvolvimiento de la producción y la comercialización cárnica.Una verdadera pena, es haber dejado transcurrir  tanto tiempo, tanta planta cerrada, tanto trabajador suspendido o sin tareas, para darse cuenta que el principal escollo (no el único) es el propio Estado y su política de asfixia fiscal.
Es de esperar, que la toma de conciencia frente a la crisis del sector exportador cárnico, sea el inicio de un replanteo serio de la política productiva, fiscal y comercial, de un país que reclama con urgencia menos palabras y muchos más hechos concretos.   

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