“La sierra está en una crisis enorme que no se sabe qué vaya pasar”, dice un campesino de San Vicente de Jesús y dice que la roya no sólo afecta al café, también a otros árboles como el limón dulce y la toronja; igualmente le cayó plaga a un invernadero de jitomates. El café se seguirá sembrando, “no vamos a permitir que se acabe”, dice Arturo García
La producción del café que se obtenga este año en la sierra de Atoyac no alcanza para comercialización, en algunos casos apenas será suficiente para el autoconsumo. La cafeticultura, principal actividad que desde los años 70 vivió su auge económico hasta mediados de los 90 ya no es la misma por plagas como la roya, la edad de las plantas y el cambio climático.
El campesino que en su parcela cosechaba café ahora no tiene dinero para comprar fertilizante y fungicidas y se ha visto en la necesidad de sembrar árboles frutales, granos y hortalizas. Otros han deforestado sus tierras y abandonado los cafetales.
Según información del Consejo Estatal del Café (Cecafé), en Guerrero la superficie registrada con cafetales es de 40 mil 122 hectáreas, según el reporte del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).
En el 2001, el entonces Consejo Mexicano del Café reportó que en 50 mil 773 hectáreas se sembraba el aromático.
La cifra en 16 años se redujo en 10 mil hectáreas.
Sin registros oficiales concluyentes, productores consideraron que hay un manejo de cifras que no retratan la realidad de la cafeticultura.
En el plan de Desarrollo Estratégico del Café para el estado de Guerrero, elaborado por el Consejo Estatal del Café (Cecafé) de 2017 se informa que la producción estatal de café sustenta la economía de 135 localidades, en 15 municipios en cuatro regiones económicas del estado. Más de 900 mil guerrerenses viven directamente de grano del café.
El Cecafé estimó que el rendimiento por hectárea hasta el 2012 fue apenas de 3.34 quintales, el más bajo comparado con otros estados.
Cada quintal equivale a 241 kilos de café cereza, como se le conoce al grano de café recién cortado. Después de varios procesos como lavado, separación de corteza y tostado, un quintal se reduce a 37 kilos y medio de café tostado.
Según información de la Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas de México del 2017, en Guerrero hubo una producción de 41 mil 776 toneladas de café en el año 2015.
El presidente de la Red de Agricultores Sustentable Autogestivos (RASA), Arturo García Jiménez, informó que ese año se alcanzaron 15 mil toneladas de café en Costa Grande, la región con mayor dimensión geográfica destinada para la siembra del café. Atoyac produce una sexta parte del café de Guerrero.
En el programa de Vigilancia Epidemiológica Fitosanitaria de Roya del Cafeto del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), el promedio estatal de presencia del hongo de la roya es apenas del 9.6 por ciento. El último reporte semanal al 5 de febrero indicó que no se puede considerar como condición de plaga, tampoco considerarse una situación de epidemia pues debe establecerse un 30 por ciento de severidad del hongo en la hoja.
Los cafetales en Atoyac están casi devastados en los caminos que rodean el trayecto a la sierra, el reporte en Atoyac es del 8.2 de roya en la planta, según la información oficial.
El 15 de junio del año pasado el gobernador del estado, Héctor Astudillo Flores acompañado del titular de la Secretaría de Agricultura, Gnadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), José Eduardo Calzada Rovirosa, y de la directora general de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (Cdi), Nuvia Mayorga Delgado, entregaron 900 millones de pesos en incentivos en Atoyac.
En ese entonces la entrega fue de manera simbólica y consistió en bombas aspersoras, viveros, tractores y proyectos de abarrotes y cocinas, además de paquetes tecnológicos consistentes en semilleros y plantas para renovar cafetales.
Este año el presupuesto al campo bajó. Una muestra fue que el programa de Procafé bajó de 3 mil plantas que dio por productor un año antes, a mil plantas para la resiembra en 2016. Sin un plan de financiamiento, el desarrollo del campo no se dará.
Buscan alternativas al café
En la comunidad de San Vicente de Jesús, una de las más afectadas por la roya del café, los productores regresaron a los cultivos frutales. El señor Manuel inició hace 30 años una granja ecológica y en su función de promotor del Instituto Nacional para la Educación del Adulto Mayor pudo ofrecer alternativas de siembra. Ahora promueve la cosecha de jengibre, plátano, el jitomate y maíz.
Sostuvo que el Estado está fallando en el apoyo al campo, y que parte de esa desatención “no se da cuenta de cuántos ejidatarios tiene, además que tiene un padrón inadecuado allá y hace lo que quiere y no tenemos una atención esmerada como debe ser”.
El campesino de más de 65 años y presidente del Consejo Agropecuario afirmó que la roya no sólo ataca al café, sino a otros árboles frutales como el limón dulce y la toronja, “por eso la sierra está en una crisis enorme que no se sabe qué vaya pasar”. Para él la roya se agudizó desde hace dos años, después de que se extendió por el exceso de humedad que dejó la tormenta tropical Manuel, del 14 y 15 de septiembre de 2013.
En la misma comunidad, la señora Violeta Barrientos Radilla quien tenía huertas de café tuvo que dejar de cosechar café cuando la roya azotó sus parcelas, y junto a otras 21 mujeres campesinas inició un huerto de hortalizas y Fundación Banorte les financió un invernadero de 2 mil metros; con él subsisten en tanto los cafetales que cortó vuelven a crecer.
Recordó que cuando era niña sus padres le enseñaron todo el proceso del café, ahora su sustento es el jitomate que vende en Atoyac. De las 21 mujeres que iniciaron el invernadero sólo quedaron 12, luego de la primera cosecha de jitomate algunas prefirieron dejar de trabajar. En su segunda cosecha no todo ha ido bien, una plaga cayó en la hortaliza pero todavía hay frutos.
Pero la situación de su huerta de café es catastrófica: hace 10 años cosechaba 600 latas de café, esta última cosecha “escasamente cortamos ocho latas”.
Seguirán confiando en el café pese a desdén gubernamental
El empresario cafetalero y representante de la comercializadora Tres Reyes, Pável Núñez Reyes dijo que este año la producción fue muy baja. Sólo se cosechó un 20 por ciento de lo normal. Antes por hectárea sacaban 9 quintales, ahora por hectárea obtuvieron apenas un quintal.
Expuso que la roya fue el factor principal, sin embargo los cambios en la tierra por los deslaves que dejaron las lluvias del 2013 y la edad de las plantas fueron los factores que también contribuyeron.
Sin embargo la cosecha del año pasado fue peor, explicó que durante el 2016 trabajaron arduamente en los cafetales aplicando fungicidas y fertilizantes necesarios para que este año no fuera tan baja la producción.
Coincidió con los campesinos de la sierra de Atoyac de que este año fue una cosecha “muerta” y se dio cuenta por las compras que hace a otros productores para su empresa.
Estimó que hasta en la cosecha del 2019 se vería el éxito en caso de aplicarse los programas de replantación o recepa.
Sus cafetales de 70 años se quitaron y sembraron nuevos, pero ese plan fue seleccionado porque se dejaron algunas plantas que todavía estaban en buenas condiciones. Cortarán las plantas restantes después de que los cafetales plantados hace un año empiecen a producir el próximo año.
Núñez Reyes dijo que su empresa al ser privada no participa en programas de apoyos gubernamentales y prefieren préstamos con instituciones bancarias.
Él vende el café verde, penúltimo proceso del grano del café antes de ser tostado a empresas nacionales que a pequeña escala son clasificados como café de especialidad. El café que produce es comprado como café de origen por cafeterías de Guadalajara o Monterrey.
Por su parte y consultado en Atoyac, Arturo García alertó que Guerrero pasó de ser un estado exportador, en los últimos años ha importado café. En el caso de las empresas trasnacionales como la distribuidora Nestlé, el decaimiento en la producción interna no le importa porque el café que comercializa es mezclado con café de Vietnam, Indonesia y Ecuador. Detalló que la variedad de café robusta es de menor calidad y es usado para la presentación soluble, en cambio, para la café de mayor calidad la variedad es el arábigo.
El programa que pretendía iniciar una replantación del café hace un año, de 3 mil plantas por hectárea no se cumplió por la tardía entrega. Este año, la reducción es a mil plantas, “si queremos hablar de reactivar la capacidad cafetalera, con eso no se va hacer nada” explicó.
Dijo que es preocupante que la “agroburocracia” afecte a los productores este 2017, porque con el antecedente de retraso plantas e insumos después de la temporada de lluvias del 2016, sigue sin presentarse un programa de financiamiento a los cafetales porque requieren mantenimiento constante y tener la liquidez para solventar las necesidades.
Planteó que se instale un programa de Desarrollo Integral de las zonas cafetaleras, que articule cada uno de los eslabones de la cadena. Expuso que es necesario la coordinación en cada una de las dependencias y que las organizaciones cafetaleras tengan un papel activo porque el Cecafé no ha trabajado con la totalidad de los productores.
Afirmó que el café se seguirá sembrando pese a las adversas condiciones políticas, sociales, de seguridad y climáticas, y dijo que aún hay pocos productores comprometidos y que “tienen amor al café todavía, nosotros estamos empeñados en eso, no vamos a permitir que se acabe”.
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