El año arrancó sin novedades para el sector agropecuario. Esto es esperable, teniendo en cuenta que en cualquier país del mundo durante las vacaciones post – fiestas la actividad política es prácticamente nula. Sin embargo, en la Argentina la conflictividad social y la gravedad de los problemas que aquejan al campo no dan tregua, lo que ameritaría una reacción de las autoridades.
Aquí las cosas pasan como en “El Reino del revés” de María Elena Walsh. Los que más aportan son los que menos reciben e incluso, los más perjudicados. Según un informe de la Fundación Argentina para el Desarrollo Agropecuario (FADA), “el gobierno nacional se queda con $73,60 por cada $100 de renta que obtiene del campo”. Esto implica que “la actividad agropecuaria ya no tiene más margen para que le saquen recursos mediante mecanismos tributarios”.
Lo cierto es que durante los dos últimos años la presión impositiva de las provincias, que se sumó a las retenciones y los impuestos nacionales ajustaron al extremo el cinturón del pequeño y hasta del mediano productor. Tanto tirar del hilo, no quedó más carretel. A través de un comunicado, la entidad explicó que trabajó con un índice de referencia que cuando se construyó los márgenes de rentabilidad ya daban negativos. “No podíamos creer que con un rendimiento promedio nos dé así”. Y citaron el caso del maíz como ejemplo de lo nefastos que pueden resultar los costos de intervención.
Parte de la responsabilidad de que la economía del sector se hunda, la tienen los números en alza de otras actividades productivas vinculadas al campo. En estos pocos días entre el fin de año y el comienzo, los precios de los combustibles volvieron a aumentar hasta un 10%. La nafta Súper alcanzó los $10 en casi todo el país, en la Argentina productiva los supera. El año pasado, YPF aumentó un 25% los precios y ahora incrementó en un 6,8% promedio el precio de los combustibles líquidos. La suba fue mayor en el caso del diesel y de la nafta Premium, que ya se vende a $9.99 y por encima de los $10 en otras empresas.
Acorralados por los impuestos y las alzas de los costos, el productor podría encontrar un refugio de su capital en instituciones financieras estatales, pero ni eso es posible ahora. Por decisión del Banco Nación, fue reducido el financiamiento para los productores de soja. Se trata de la resolución 4762, que la Comisión de Enlace rechazó enfáticamente. “Es una medida claramente discriminatoria hacia el campo y que perjudica especialmente a los productores más chicos que necesitan un financiamiento genuino para seguir produciendo”.
Para las entidades, “esta medida restringe expresamente la financiación para quienes producen soja limitando su capital de trabajo y contradiciendo abiertamente la misión del Banco Nación, tal como se explica en la Carta orgánica: ‘Los créditos del Banco Nación para el sector agropecuario están destinados a atender todas las necesidades de financiación de los productores, especialmente los pequeños y medianos”.
A través de un comunicado, la CEEA manifestó: “Pensar además que todos los productores de soja tienen la misma capacidad financiera es una muestra más del desconocimiento que tiene el gobierno sobre la situación real del campo argentino. Por otra parte, la medida pretende desfinanciar a los productores y obligarlos a vender soja en caso de que la tengan, desconociendo que gran parte de la cosecha ya no está en manos de los productores”.
El campo cerró un 2013 muy difícil y el 2014 empieza complicado. Tanto tiempo reclamando políticas a largo plazo para producir más y generar las divisas que con tanto afán el gobierno intenta retener, generó un desgaste que sólo es posible revertir con una actitud mucha más proactiva por parte de las autoridades. Inexplicablemente, no hay señales de que esto vaya a ocurrir.
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