Cierto es que el errático comportamiento económico de nuestro país condiciona fuertemente el devenir
de las empresas, sobre todo cuando pensamos en
empresas de producción “a cielo abierto”. Nadie puede hacer en
la actualidad una proyección razonable acerca de su
empresa, de aquí a dos años, pongamos
por caso. ¿Quién sabe cuánto va a valer su producción a fin de
2016? Todas las variables nominales de nuestra economía
se han visto fuertemente condicionadas y han
tenido fuertes altibajos. La producción agropecuaria produce bienes cuyo
precio se forma como consecuencia de muchas variables internacionales y
domésticas que han tenido un comportamiento muy diverso y que,
probablemente, lo sigan teniendo, nadie sabe bien hasta cuando. De este
modo, realizar algún tipo de planificación
del negocio
agropecuario es más una actividad de futurología que de contabilidad.-
De cualquier manera no se puede pensar que porque tenemos mucha
incertidumbre respecto al futuro mediato vamos a dejar
de estimar y proyectar qué es lo que puede ocurrir en el
mismo. La planificación económica de la empresa agropecuaria es tan
necesaria como la planificación productiva.
Habrá entonces
que ensayar varios escenarios posibles e ir
combinándolos, pero lo que no se puede, bajo ningún punto de
vista, es omitir este aspecto. De lo contrario, el sector está dando
"profundas ventajas” y trabajando con cierta cegera.-
Esto tiene que ver con los cálculos, las previsiones y la
planificación que se hace para mantener, al menos
parcialmente, los números de la empresa “ordenados” y tomar decisiones
racionales sobre fundamentos concretos y claros. A la hora de enfrentar la
decisión de financiar un proyecto de inversión para ampliar las posibilidades de
producción, con fondos propios o de terceros, es imprescindible tener un
bosquejo, lo más cierto posible, acerca de, al
menos estos aspectos fundamentales: 1) el estado de la empresa en números, para
ponderar la capacidad de repago y el respaldo
patrimonial que se tiene ante un eventual financiamiento de
terceros, haciendo una valuación sesuda de lo
que se tiene y
lo que se debe, 2) el impacto económico y financiero de la inversión y
de la deuda, para evaluar la viabilidad del proyecto,
3) el flujo de fondos futuro con variantes
ante posibles escenarios para hacer evaluaciones de sensibilidad
4) las
condiciones de financiamiento alternativas, entre propio y de terceros (bancos, proveedores comerciales,
etc.), esto permitirá evaluar si es más conveniente una
u otra fuente de financiación. Hay que pensarse como accionista de la propia empresa y evaluar que rendimiento le pedimos
a la
inversión de “prestarle” a la empresa, es decir, si
como “accionistas” retiramos un monto que
representa alrededor del 20% del patrimonio por año, ésa es la
tasa de rendimiento de indiferencia que le “exigimos” a
nuestra propia empresa. Si esa tasa es superior a
la tasa de financiamiento de una fuente de terceros, lo razonable sería financiarse
con esa fuente, que le estaría prestando a la empresa a más bajo costo que
nosotros mismos. Esa ecuación solo puede hacerse cuando se tiene un panorama
cierto y claro de la situación económica de la empresa. Para eso hace falta
tener los números en orden, pero ¿Cuántos tienen “los
números” en orden?
JUAN IGNACIO LOZANO
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios Ideas&Economía

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