domingo, 2 de agosto de 2015

Los números en orden… o no tanto?




Cierto es que el errático comportamiento económico de nuestro país condiciona fuertemente el devenir de las empresas, sobre todo cuando pensamos en empresas de producción “a cielo abierto”. Nadie puede hacer en la actualidad una proyección razonable acerca de su empresa, de aquí a dos años, pongamos por caso. ¿Quién sabe cuánto va a valer su producción a fin de 2016? Todas las variables nominales de nuestra economía se han visto fuertemente condicionadas y han tenido fuertes altibajos. La producción agropecuaria produce bienes cuyo precio se forma como consecuencia de muchas variables internacionales y domésticas que han tenido un comportamiento muy diverso y que, probablemente, lo sigan teniendo, nadie sabe bien hasta cuando. De este modo, realizar algún tipo de planificación del negocio agropecuario es más una actividad de futurología que de contabilidad.-
De cualquier manera no se puede pensar que porque tenemos mucha incertidumbre respecto al futuro mediato vamos a dejar de estimar y proyectar qué es lo que puede ocurrir en el mismo. La planificación económica de la empresa agropecuaria es tan necesaria como la planificación productiva. Habrá entonces que ensayar varios escenarios posibles e ir combinándolos, pero lo que no se puede, bajo ningún punto de vista, es omitir este aspecto. De lo contrario, el sector está dando "profundas ventajas” y trabajando con cierta cegera.-
Esto tiene que ver con los cálculos, las previsiones y la planificación que se hace para mantener, al menos parcialmente, los números de la empresa “ordenados” y tomar decisiones racionales sobre fundamentos concretos y claros. A la hora de enfrentar la decisión de financiar un proyecto de inversión para ampliar las posibilidades de producción, con fondos propios o de terceros, es imprescindible tener un bosquejo, lo más cierto posible, acerca de, al menos estos aspectos fundamentales: 1) el estado de la empresa en números, para ponderar la capacidad de repago y el respaldo patrimonial que se tiene ante un eventual financiamiento de terceros, haciendo una valuación sesuda de lo que se tiene y lo que se debe, 2) el impacto económico y financiero de la inversión y de la deuda, para evaluar la viabilidad del proyecto, 3) el flujo de fondos futuro con variantes ante posibles escenarios para hacer evaluaciones de sensibilidad


4) las condiciones de financiamiento alternativas, entre propio y de terceros (bancos, proveedores comerciales, etc.), esto permitirá evaluar si es más conveniente una u otra fuente de financiación. Hay que pensarse como accionista de la propia empresa y evaluar que rendimiento le pedimos a la inversión de “prestarle” a la empresa, es decir, si como “accionistas” retiramos un monto que representa alrededor del 20% del patrimonio por año, ésa es la tasa de rendimiento de indiferencia que le “exigimos” a nuestra propia empresa. Si esa tasa es superior a la tasa de financiamiento de una fuente de terceros, lo razonable sería financiarse con esa fuente, que le estaría prestando a la empresa a más bajo costo que nosotros mismos. Esa ecuación solo puede hacerse cuando se tiene un panorama cierto y claro de la situación económica de la empresa. Para eso hace falta tener los números en orden, pero ¿Cuántos tienen “los números” en orden?




JUAN IGNACIO LOZANO
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios Ideas&Economía

e-mail: ideasyeconomia@gmail.com Twitter: @ideasyeconomia

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