viernes, 4 de julio de 2014

Para el productor entrerriano la soja no es algo rentable


Los costos que debe afrontar para producir 300 hectáreas en campo propio y vivir le llevan prácticamente toda la ganancia. En el caso de un productor de 500 hectáreas propias su rentabilidad está en el límite. El que arrienda, directamente, pierde plata. Soja: ya no es rentable para el pequeño productor entrerriano. Soja: ya no […]
Los costos que debe afrontar para producir 300 hectáreas en campo propio y vivir le llevan prácticamente toda la ganancia. En el caso de un productor de 500 hectáreas propias su rentabilidad está en el límite. El que arrienda, directamente, pierde plata.
Soja: ya no es rentable para el pequeño productor entrerriano.
Soja: ya no es rentable para el pequeño productor entrerriano.
Entre Ríos alcanzó en la campaña agrícola 2013/14 una producción de 3.355.000 toneladas, cifra que representa un crecimiento del 10,2% respecto de lo recolectado en el ciclo 2012/13. Esta cosecha, además, se posicionó como la segunda mejor de la historia sojera de la provincia, sólo superada por la zafra de la campaña 2009/10 cuando se recolectaron 3.554.684 toneladas.
La noticia de una mayor producción, elaborada sobre la base de los datos suministrados por la Bolsa de Cereales de Entre Ríos a través de su Sistema de Información (Siber), fue publicada prácticamente en todos los medios de la provincia, sobre todo en los oficialistas y paraoficialistas. Hasta la agencia nacional de noticias Télam, cada vez más kirchnerista, multiplicó la información.
Más allá de este incremento en el tonelaje recolectado del cultivo estrella del país –y sostén de buena parte de las finanzas públicas–, que siempre es bienvenido, en una nota publicada en el sitio digital Dos Florines se analiza cómo está hoy la rentabilidad del productor de soja en Entre Ríos, cuyos rindes, debe recordarse, no son los de la Pampa Húmeda. Hay que indagar, en especial, cómo están los bolsillos de los pequeños y medianos productores entrerrianos, responsables de casi el 70% de la agricultura en la provincia.
Interrogantes 
¿Están juntando la plata con pala como cree la mayoría de la gente? ¿O los números son diferentes a los buenos números de hace algunas campañas? ¿Cómo influyó la inflación en los costos? ¿Cuánto cuesta hoy sembrar soja en Entre Ríos? ¿El productor que produce en campo propio gana plata o sólo salva los costos? ¿Y el que arrienda? ¿Gana, salva los costos o pierde plata? Son preguntas que es necesario responder para ver si la producción agrícola entrerriana es sustentable de cara al futuro.
Oscar Montero, el vicepresidente de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, explicó que la mayor producción de soja en Entre Ríos se sustenta en la mayor superficie sembrada y en un rinde promedio que se ubicó en algo más de 24 quintales, pero remarcó que “hay que contar la otra parte”, es decir “cuánto le cuesta al productor obtener esa producción para que la gente que no es del sector sepa cómo le va”.
En declaraciones al programa Tranquera Abierta –que se emite los domingos a las 8.30 por Radio Mitre Paraná–, señala Dos Florines, Montero consideró central hacer un análisis del segmento de productores que trabaja casi el 70 % de la superficie sembrada en la provincia. Ese segmento está compuesto por productores que siembran entre 300 y 500 hectáreas de agricultura –es decir pequeños y medianos productores– que hace años se viene financiando con unas 60 empresas, entre cooperativas, acopios y vendedores de insumos.
Si como base de análisis para determinar la rentabilidad de ese productor –que vive en las aldeas, consume y da trabajo a gente de su zona, y mueve la economía de los pueblos– se toman sus actuales costos de producción y sus gastos operativos, los números pueden sorprender.
Ejemplos. Montero, en este sentido, precisó que a un productor de 500 hectáreas propias le cuesta 15 quintales implantar, cuidar y cosechar una hectárea de soja. Los costos de funcionamiento (vehículo, combustible, teléfono, impuestos, el contador, etc.) y el sostenimiento de su familia, en tanto, le insumen el equivalente a 7 quintales de soja. Es decir, producir y vivir le cuestan 22 quintales, cuando el rinde promedio en esta campaña fue levemente superior a los 24 qq/ha; es decir, su rentabilidad está en el límite.
En el caso de un productor de 300 hectáreas propias la situación es más compleja. Implantar, cuidar y cosechar una hectárea de soja le cuesta 15 quintales, pero los costos de funcionamiento –más el sostenimiento de su familia– se elevan a 11 quintales; producir y vivir, entonces, le insumen 26 quintales, 2 quintales más que el promedio de la campaña 2013/14. En otras palabras: pierde plata.
Y éste es el dato nuevo y, tal vez, más importante: el pequeño y mediano productor pierde plata con la soja aun en campo propio.
Si ese pequeño y mediano productor alquila el campo que trabaja hay que agregarle el costo del arrendamiento, que en Entre Ríos se ubica entre 7 y 8 quintales de soja según la zona. Es decir, a aquellos 22 y 26 quintales deben sumarse 7 u 8 quintales más, por lo que quien arrienda necesita 29/30 quintales (pierde plata) y 33/34 quintales (pierde más plata). Está directamente en la lona.
Las empresas 
Montero subrayó que la rentabilidad en algunos casos está en el límite y en otros es negativa. “Si se revisan las cuentas corrientes de esas 60 empresas que financian a los pequeños y medianos productores entrerrianos se verá que todas, años tras años, están refinanciando sus deudas”, reveló.
A pesar de esta situación complicada, en el campo continúan trabajando y sembrando. En esta nueva campaña se implantará más trigo y, según Montero, “nuestro productor sigue haciendo agricultura porque es la única manera que tiene de ir reponiendo la deuda, afrontando los pagos a algún empleado y tomando lo que él y su familia necesitan para vivir”.
La realidad para no pocos productores, agregó, “es que la plata les alcanza en el mejor de los casos para vivir. No hay plata para que el productor pueda evolucionar, por ejemplo, comprando una máquina”.
Qué hacer. Ante este escenario, las cooperativas, los acopios y las empresas proveedoras de insumos tienen que financiar cada vez más al productor, mientras esperan que suban los precios internacionales o cambien las políticas oficiales hacia el sector.
“Esperamos que en algún momento se aclare el escenario comercial y que algunos cultivos, trigo y maíz principalmente, tengan algún beneficio en materia de retenciones, es decir que de una buena vez se incentive realmente la producción”, reclamó Montero.

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