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viernes, 28 de abril de 2017

Grano de arveja en la nutrición animal


El cultivo de arveja se presenta en los últimos años como alternativa de diversificar en la producción agrícola. La arveja es una leguminosa de ciclo de invernal muy corto, se siembra en julio y se cosecha a fines de octubre principio de noviembre. Este cultivo comenzó a tener interés en Entre Ríos hace algunas campañas atrás, cuando el trigo empezó a tener problemas de comercialización, que llevaron incluso a no sembrarlo. 

En términos generales, existen diferentes formas de expandir el área de cultivos alternativos o poco conocidos, como es el caso de la arveja. Una de ellas es mejorando los mercados, al hacerlos más transparentes o estabilizando su funcionamiento, a medida que se agregan canales formales de comercialización. Esto se logra cuando aumenta la demanda del producto por crecimiento de los mercados interno y externo. Otras alternativas son el mejoramiento genético para áreas agroecológicas específicas, un manejo apropiado, como es el uso de los granos para alimentación animal. Al momento de la cosecha, el productor podrá comercializarlo directamente de acuerdo al precio del grano o utilizarlo en su propia producción pecuaria. Con esta última opción puede agregar valor a sus granos, disminuir sus riesgos diversificando su producción, y liberar para la venta parte del maíz y la soja utilizados en las dietas animales. La posibilidad de transformar el grano de arveja en productos pecuarios (carne y leche bovina, y carne aviar y de cerdos) en lugar de vender directamente los granos cosechados, es fundamental a la hora de planificar explotaciones más sustentables y con menor riesgo de precios fluctuantes. Las características de la arveja, a diferencia de los demás granos utilizados en alimentación animal, es que tiene muy baja cantidad de factores anti nutricionales, elevados niveles de proteína (18 al 22%) y Lisina, aunque es baja en Metionina. Además de valores energéticos similares al grano de maíz. A priori, su utilización permitiría contar con una ración proteica-energética muy eficiente, para pequeños productores agrícola-ganaderos de zonas de costa e islas. La siembra de pequeñas superficies en tierra no insular, los capacitaría para afrontar mejor situaciones de emergencia hídrica, como las inundaciones y repuntes anuales que vienen ocurriendo en el Delta del Río Paraná en los últimos años. Teniendo en cuenta estos estos antecedentes, surgió el interés de evaluar el grano de arveja en alimentación animal, aunando los esfuerzos del INTA con Grupos CREA de la zona. Se planteó la iniciativa de llevar adelante dos ensayos de dietas que contengan hasta un 40% de arveja, para evaluar el comportamiento en cría intensiva de cerdos y en vacunos de engorde.


Ganadería en el Delta EntrerrianoLa producción pecuaria es una las principales actividades del proyecto para el Delta entrerriano, ya que se explora en nutrición de vacunos con una dieta concentrada y nutritiva para situaciones de emergencias, sobre todo pensando en pequeños productores. La experiencia en vacunos se llevará a cabo en la EEA C. del Uruguay, al tratarse de la unidad especializada en alimentación de rumiantes del Centro Regional Entre Ríos del INTA y a la importancia económica que tiene la producción bovina en el área. El trabajo es parte de las acciones que llevan a cabo los proyectos territoriales del Delta y del Centro Sudeste entrerriano y el Integrador Nacional de Bovinos para Carne generando herramientas tecnológicas a los productores. Los profesionales participantes son los Ings. Andrea Pasinato y Gabriel Sevilla, quienes estudian la temática “alimentación de rumiantes” en INTA Concepción del Uruguay, los Ings. Raúl Brassesco y Maximiliano Vallejos, de la Agencia del INTA en Victoria y los Méd. Vet. Jorge Brunori y María Suarez del Cerro, del INTA Pergamino. En tanto que por CREA lo hacen dos productores de grupos del departamento Victoria.

viernes, 21 de abril de 2017

Ganadería en el Delta Entrerriano


Ningún sistema productivo no sustentable en el largo plazo puede ser económicamente rentable. Toda actividad humana causa algún efecto en el ambiente. El desafío es producir sin comprometer los recursos para las generaciones futuras. (Boletín N° 106)


Los valles entrerrianos de inundación en la cuenca inferior de los ríos Paraná y Uruguay, alrededor de 1,2 millones de hectáreas de las cuales 1,15 millones son islas, forman un mosaico de ambientes modelados por los pulsos de inundación de los ríos como factor principal. A esta condición se suman los incendios de los pajonales durante las sequías, y el sobre pastoreo originado por rumiantes ajenos al hábitat como los vacunos introducidos por el hombre. El área constituye un sistema de humedales, cuya superficie mayoritaria se halla inundada de forma permanente o temporalmente por largos períodos del tiempo. Al tratarse de ecosistemas muy frágiles, se encuentran amenazados por la continua modificación e intervención a que están sometidos en la actualidad por la actividad antrópica (humana).

El relieve del área está modelado por los recurrentes picos de precipitación que se producen en la cuenca, desbordando los cauces de los ríos y arrastrando materiales que se depositan aguas abajo. Los sitios de acumulación de sedimentos son los bordes o albardones de las islas, donde predominan especies arbóreas y arbustos que ocupan menos del 5% del área. La porción central, temporal o continuamente inundada, representa alrededor del 80% de la superficie con predominio de pastizales y pajonales de gramíneas y ciperáceas en zonas más altas, e hidrófilas y acuáticas en las áreas con agua permanente. Los censos de riqueza florística han permitido identificar alrededor de 700 especies, con predominancia de gramíneas y compuestas.

La región brinda un servicio ambiental importante actuando como pulmón para disminuir el riesgo de las inundaciones regionales. Por lo tanto, se enfrenta la dicotomía de mejorar la calidad de vida de los habitantes para que alcancen un desarrollo humano digno, pero cuidando al mismo tiempo, de no afectar en forma irreversible este ecosistema altamente vulnerable. Como dato preocupante debe mencionarse que entre uno y dos tercios de los humedales del mundo han sido secados para ponerlos en producción, impidiendo las inundaciones recurrentes que son parte del funcionamiento del ecosistema. En el contexto nacional, el avance agrícola ocurrido en las últimas décadas en la región pampeana ha traído un desplazamiento de las actividades ganaderas a zonas ecológicamente menos beneficiadas dentro y fuera de la región.

Delta entrerriano -irupé
Una de estas “nuevas” áreas ganaderas es el Delta, cuyo uso no ha estado acompañado en la mayoría de los casos por un manejo adecuado del agua, lo que provoca recurrentemente un incremento excesivo en la carga animal cuya magnitud depende de la disminución de superficie según la severidad de las inundaciones. Este panorama es consecuencia de la ausencia de los conocimientos biológicos necesarios para impedir el sobre pastoreo de los recursos, sumada a la alteración que han sufrido los cursos de agua por la construcción de terraplenes de caminos (alrededor de 900 km) y diques. Los endicamientos orientados a evitar el efecto negativo de las inundaciones sobre la producción pastoril y forestal, está invalidando el precepto básico del humedal como son las inundaciones recurrentes. El principal efecto negativo se ha producido en las áreas inundables. Otra medida de manejo aplicada rutinariamente con el objetivo de obtener rebrotes de mayor calidad de forraje, es la quema inducida del pastizal. Sin embargo, su aplicación está conceptualmente contraindicada en términos de la persistencia productiva del recurso.

La actividad ganadera predominante es el engorde estacional de bovinos, el cual consiste en ingresar los animales en los momentos libres de inundaciones, retirándolos o llevándolos a zonas más altas (cuando es posible) ante la llegada de las crecientes. El protocolo de evacuación de hacienda ha sido mejorado a partir de las grandes pérdidas de animales que ocasionó la creciente extraordinaria de 2007. Esta forma de producción origina un retorno económico poco estable, y con poco control sobre las condiciones de manejo que se traducen en sobrepastoreo y pérdida de especies forrajeras de importancia. Sin embargo, y como ya se comentó, esta situación es menos crítica para el funcionamiento del humedal que la construcción de grandes terraplenes para impedir el ingreso del agua con el objetivo de que los animales permanezcan todo el año en el terreno.

Dado que la ganadería representa alrededor del 70% del valor económico de los distintos rubros en el área y alrededor del 15% de la producción bovina de Entre Ríos, resulta claro que la actividad continuará llevándose a cabo. La tarea es buscar las herramientas de manejo que permitan su viabilidad económica, y simultáneamente, preservar las ventajas ambientales que presenta el delta.

Entre las fortalezas principales que cuenta la región para la ganadería pueden citarse la disponibilidad de agua y alimentos (pastizales) de calidad, la posibilidad de desarrollar sistemas orgánicos (baja contaminación del ambiente) y la cercanía a grandes centros poblados. Sin embargo también deben mencionarse aspectos negativos, que disminuyen las expectativas favorables para el asentamiento humano. Entre las limitantes debe considerarse el ya mencionado manejo inadecuado del agua con el consiguiente deterioro por inundaciones de la escasa infraestructura existente, como la falta de una red de comercialización facilitada. Tampoco existe un plan de protección ambiental, el cual es complicado de implementar al tratarse de una superficie donde predomina la propiedad privada.

Estamos aquí y ahora, y si bien sería saludable contar con una legislación ambiental productiva que ordene el uso del humedal, no se puede esperar más para actuar.
El principal aporte que puede hacer el INTA en este territorio, se apoya en la generación de herramientas tecnológicas que ayuden a los habitantes del delta a producir, y a la vez proteger el ambiente en el que habitan actualmente pero también deberán hacerlo en el futuro. En tal sentido, sin analizar las causas (ya que escapan a este escrito), surge claramente que la información disponible es escasa si se la compara con la región circundante.

Como idea marco inicial debe enfatizarse que el recurso suelo no es apto para ganadería intensiva, y menos aún para agricultura, de forma sustentable. Como hecho positivo no generado conscientemente, las inundaciones de gran magnitud que destruyen diques y vuelven el recorrido del agua a su cauce natural “revierten” los efectos negativos provocados por la actividad humana descontrolada. Si bien sería ideal recuperar la cobertura vegetal del pastizal original, ese proceso (si se lograra) podría llevar demasiados años medido en el tiempo de vida de los lugareños. Por lo tanto, debería buscarse una alternativa de compromiso entre recuperar los sitios más degradados y alcanzar una producción rentable en un tiempo corto. La propuesta podría incluir la intersiembra de especies forrajeras como lotus tenuis y raigrás anual adaptadas a ambientes similares al delta, sumada a la siembra de pasturas perennes en lugares más altos.
Barcaza en el delta entrerrianoSiempre debe tenerse en cuenta que la ganadería a desarrollar debe ser realizada con una carga que evite el sobre pastoreo del pastizal y sin endicamientos que impidan la característica fundante de este hábitat como es la circulación natural del agua.

Esperando que la información suministrada en los párrafos anteriores haya sido del interés de los lectores, los autores agradecen toda sugerencia o comentario crítico relacionado al desarrollo de una zona que ha sufrido grandes alteraciones en los últimos años.